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Uno de cada tres lesionados medulares sufre dolor neuropático

Los secretos del dolor neuropático

A la ciencia le suele gustar hablar de números. Ahí van: Uno de cada tres lesionados medulares sufre dolor neuropático según los expertos, una patología de origen fisiológico desconocido que produce grandes problemas a quienes la padecen y ha motivado una intensa investigación que cumple cinco años.

A pesar de la labor científica, todavía no se ha encontrado un tratamiento eficaz. Sin embargo, un grupo de investigación del Hospital Nacional de Parapléjicos mantiene un importante trabajo de laboratorio para entender los mecanismos a nivel cerebral del dolor neuropático.

«No sentimos en el cuerpo, sino en el cerebro», afirma Juan de los Reyes Aguilar, uno de los dos co-directores que lideran el proyecto y trabajan en este laboratorio. «Muchos pacientes con lesión medular sufren dolores en parte del cuerpo donde han perdido la sensibilidad y no se trata de un problema de médula, sino de cerebro», explica Guglielmo Foffani, que también co-dirige esta investigación. Un laboratorio ‘bicéfalo' que ha tumbado la «imagen piramidal» tradicional de un único líder para unir esfuerzos y abordar un trabajo «multidisciplinar».

Cualquier tópico sobre los investigadores se viene abajo en un momento. Juan y Giuglielmo son jóvenes bien preparados, nada que ver con esa imagen distante del científico inaccesible, del ermitaño de laboratorio. Y ambos invierten muchas horas en el trabajo para mantener viva la investigación, conseguir avances y llegar algún día a encontrar la fórmula para silenciar ese dolor neuropático que persigue a muchos lesionados dificultando su vida diaria.

«Estamos intentando aportar a la sociedad lo que ha invertido en nosotros», comenta Juan tomando un refresco en la cafetería del Hospital de Parapléjicos. A este investigador andaluz le interesa también que la sociedad se mentalice de la importancia de la labor investigadora en general. «Nosotros no salimos en la prensa todos los días como Cristiano Ronaldo o Almodóvar, pero la ciencia es parte de la cultura, según la Real Academia de la Lengua, aunque no esté en la calle. Y nuestro trabajo revierte en un beneficio social, en la mejora de la calidad de vida».

Y poco antes de entrar de lleno en la investigación también es necesario desprenderse de la errónea sensación de que los científicos son celosos guardianes de sus trabajos y viven sólo para la ciencia. Si bien, esta última opinión no resulta tan descabellada porque una investigación roba muchas horas en el calendario. Juan y Guglielmo hablan con libertad de sus progresos y de la valía de una investigación que se encuentra «en un punto interesante», comenta el científico italiano.

Parten de una base: «La lesión medular se produce lejos del cerebro, pero éste deja de recibir una información determinada y tiene que reorganizarse. La lesión hace que falten muchas conexiones entre el cuerpo y el cerebro y se rompe el equilibrio. El sistema nervioso central se reorganiza y genera distintos tipos de actividad en las regiones afectadas por la lesión. Algunas no generan patologías, pero otras resultan aberrantes porque provocan dolor». Guglielmo ahonda en el desconocimiento del dolor neuropático, ya que «no se sabe cómo ni dónde se origina».

A pesar de la complicación de la patología, la experiencia previa de ambos investigadores en el sistema somatosensorial del cerebro ha servido para encarrilar un trabajo que ambos iniciaron sin conocimientos previos sobre la lesión medular. Sin embargo, los últimos cinco años han resultado productivos aunque la investigación requiera unos cuantos años más y muchas horas de encierro juntos en el laboratorio, compartiendo el trabajo con seis profesionales más del equipo.

Los resultados se han plasmado ya en algunas publicaciones científicas internacionales. «Después de una lesión medular hay un cambio de estado en la actividad cerebral, una ralentización del cerebro, y estos cambios funcionales, ya que el cerebro funciona de manera diferente cuando ha perdido muchas de sus entradas, puede estar relacionado con una reorganización a largo plazo que se relaciona con el dolor neuropático». Pero lo importante, según Guglielmo, es profundizar en el origen y «aclarar los mecanismos iniciales para intervenir y prevenir el dolor neuropático».

Hablar de resultados requiere su tiempo y Juan de los Reyes incide en esta cuestión porque «la sociedad está acostumbrada a lo inmediato y cuando sale en la televisión alguna noticia que habla de un investigador que ha descubierto una célula importante para el tratamiento de una enfermedad no entiende que no tiene una aplicación inmediata, sino en un futuro a diez o veinte años.

Hay que tener en cuenta que el beneficio actual se remonta a cincuenta años de investigación». Sin embargo, aclara que los trabajos científicos relacionados con la lesión medular no van más allá de dos décadas, van en pañales si se comparan con las investigaciones sobre el cáncer, que cumplen medio siglo.

En este sentido, Juan recuerda la existencia de trabajos aislados en los años 70 y 80, pero «los más serios» datan de los años 90. Reconoce que las investigaciones sobre la lesión medular han avanzado bastante en los últimos años y los científicos se centran en el sistema somatosensorial -que lleva la información del cuerpo al cerebro-, el sistema motor -que lleva órdenes del cerebro al cuerpo-, que cuenta con muchos grupos de investigadores en distintos países para intentar recuperar el movimiento, y la terapia celular y molecular, «que intenta recuperar el daño a nivel de la médula y la reconexión de la parte del cuerpo desconectada del cerebro».

Y dentro de estas líneas abiertas, el laboratorio que co-dirigen ambos ha encontrado un vacío importante respecto al dolor neuropático, que actualmente se intenta paliar con tratamientos farmacológicos que «no resultan satisfactorios para todos los pacientes». Por este motivo, el Hospital Nacional de Parapléjicos «está buscando terapias de neuromodulación para intervenir mediante estímulos eléctricos y magnéticos modulando la actividad del cerebro», comenta Giuglielmo a la "Tribuna de Toledo".

Conocer de cerca el día a día de un par de científicos es más fácil de lo que se imagina en principio, pero es necesario unas pequeñas nociones sobre la ciencia. «Se tiene la idea de que todo tiene que finalizar de golpe, pero nuestro trabajo consiste en ir colocando ladrillos en un puzzle», sostiene Juan. «Sí», remata Giuglielmo. «En investigación lo que se hace es simplificar el problema para intentar llegar a unos resultados y generalizarlos».
Además de una dilatada experiencia trabajan pendientes de los hallazgos de otros grupos de científicos porque «las investigaciones son globalizadas».

Unos y otros revisan todos los avances. Giuglielmo mantiene que los artículos de esta investigación «los revisan colegas de Estados Unidos o de otros países» y ellos repiten el mismo patrón con otras labores científicas, de manera que se establece un flujo de información constante gracias, en parte, al desarrollo de interenet.

De momento, este laboratorio es el único en el mundo que investiga la actividad cerebral tras la lesión medular y trabaja ya con modelos de lesión completa e incompleta, pues ambos explican que el cerebro no actúa de la misma manera cuando pierde todas las conexiones o recibe sólo parte de la información. Pero estas conclusiones llegan después de una intensa tarea en el diseño del proyecto, la experimentación y los resultados. «El equilibrio que origina el gran secreto de la investigación», según Guglielmo.

De vez en cuando, las investigaciones también se topan con hallazgos inesperados o caminan en otra dirección distinta a la planeada. Ambos han comprobado que «la lesión medular causa una disminución de la necesidad anestética, así que estos pacientes necesitan menos anestesia de lo normal». De momento, la hipótesis se ha apoyado en la experimentación con animales, pero aún no se sabe si será aplicable en la cirugía, pero parece que este «efecto colateral» de la investigación podría tener beneficios en la recuperación frente a una anestesia.

Además, Guglielmo y Juan siguen atentos el curso de otras enfermedades que no comparten el mismo origen pero cuentan con un daño medular, como ocurre en los ictus o en la esclerosis múltiple. Juan reconoce que otras patologías distintas a la lesión medular pueden provocar dolor y entiende que, en muchos casos, «de una investigación se pueden sacar ideas para otra». Lo mismo ocurre con los trabajos relacionados con el cerebro porque «el sistema nervioso se investiga con moléculas que se descubrieron investigando el cáncer».