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Aspaym: una labor necesaria

Publicado el 22/06/2018.

En ocasiones existen viajes que marcan nuestro fluir vital sin que una lo pretenda. Así, así me ha sucedido a mí con el último tras un día de sol cualquiera y un rocío madrugador.

Resulta que por casualidad me enteré de una excursión semanal a Chiclana de la Frontera, Cádiz, organizada por la Asociación de parapléjicos y grandes minusválidos (ASPAYM), donde desde hace tres meses escasos asisto a varias terapias. Me lo cuentan. Se halla próximo el cierre. Miro, observo, escucho, respeto y me atrae el programa. Me inscribo sin demasiadas esperanzas de que se me asigne una plaza al ser grande la demanda y el cierre hallarse próximo, pero… Pues sí, me tocó una, mejor, dos, pues ha de irse acompañado. Se trataba de mi primer viaje junto con personas discapacitadas, sumando entre todas, discapacitadas y no, un total de 165, procedentes de los centros de León, Valladolid, Ávila y Burgos.

En Chiclana nos aguardaba el muy bien adaptado, últimamente, resort RIU, con toda clase de bufets, servicios, gigantesco, ejemplo de convivencia y destacada amabilidad, claro que gratamente he podido descubrir que la amabilidad gaditana no tiene límites. Por eso me he sentido tan cómoda como en mi propia casa.

Aunque nuestro “campamento base”, por denominarlo de alguna manera, estaba establecido en el blanco y oreado por el mar RIU ejercíamos salidas a diversos sitios, cercanos casi todos. Ese es el caso de la playa adaptada de La Barrosa, en la cual, gracias a esos inventos modernos denominados anfibuggys o simplemente triciclos junto con la ayuda de acompañantes y jóvenes de La Cruz Roja chiclanera nuestros ilusionados enfermos pudieron entrar en el mar y dejarse acariciar suavemente por su agua serena. En ese momento en sus ojos brillaba una luz salada y un imperioso deseo de regresar en el futuro a tan singular ablución. Asimismo han tenido ocasión de contemplar en las cercanías el monolito dedicado al abogado y montañero local Gustavo Virués Ortega sobre el que se hallan escritas unas profundas palabras a él debidas: “Sobre las montañas hay un camino que no es visible desde los valles”. También los caballos engalanados, elegantes de la feria de San Antonio o las lagunas y charcas que rodean el río Iro o los abundantes y de ancha copa pinos y más pinos.

Dichas salidas si bien no han curado enfermedades o aminorado dolores, puede, en todos los momentos han puesto un gesto de alegría en los rostros que no abandonaban sus miradas en la oscuridad y hacía que sus macutos de dolor pesasen menos, mucho menos cada amanecida en el alba de su corazón.

En fin, fue así como este sano viaje en cuya organización han tenido mucho que ver la Plataforma representativa estatal de discapacidad física (PREDIF) y BCD travel, el cual no respondió al turisteo sino al derecho que todo ser humano posee de conocer, soñar, disfrutar de otros paisajes y relacionarse con otras personas con su misma, similar o ninguna dolencia recaló en la ciudad del vino y de la sal, Chiclana.

Tampoco debe alcanzar el olvido la visita a Jerez de la Frontera, sola, triste, calurosa, sin un alma por la calle, con el icono de las instalaciones de González Byas Tío Pepe apuntando decadencia, pero con una plaza, La Plaza del Carbón, que en mí, tan vinculada a tan negro mineral, produjo una suerte de pálpito. Dicha plaza fue denominada de tal manera desde el año 1850 por los arrieros montañeses que llegaban a ella con sus caballerías cargadas de carbón para alojarlas allí y luego vender el producto por las plurales carbonerías locales, como bien refiere Enrique Oliva Anaya.

Tampoco hay que poner en funcionamiento el olvido de la cercana Chipiona y su virgen de Regla, frente al litoral, en la iglesia regentada por los franciscanos, tan venerada por la inmensa Rocío Jurado. Resultó emocionante en la misa de once escuchar el joven coro, la “caminata” en silla de ruedas de una señora perteneciente al grupo que hilaba tiempo y fe en el momento de las ofrendas ante la pancarta de ASPAYM Castilla y León entronizada en el propio altar y también, también las palabras del cura en la homilía centradas en los enfermos. Ni mucho menos debemos callar que la tarde tal una polifónica mariposa azul respaldaba nuestro lento avanzar entre las enjabelgadas casas de la empinada Conil de la Frontera en las horas finales de nuestra andaluza estancia.

En esta dirección de abrir silencios u omisiones el dictamen de la memoria me exige que deje claro que la luz chiclanera no es escasa; el viento actual procede de levante; al otro lado de los espejos no existe la ira; pequeñas, suaves piedras litorales han venido en mi mochila; es la primera vez que viajo con ASPAYM; el 20 de junio de 2018 no es arcaico.

Artículo de  Carmen Busmayor, publicado en "La nueva Crónica".