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Carlota Muñoz

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La Justicia

Publicado el 27/02/2012.

La justicia me duele. El derecho lo siento como algo mío. Las noticias jurídicas me afectan de una manera especial y ahora, por desgracia, abundan de una forma desorbitada.Poner un telediario, abrir un periódico o escuchar una tertulia de la radio supone encontrarte con muchas noticias relacionadas con la justicia. Todo lo acapara la economía y los asuntos judiciales.

Antes no era así, pero ahora existen los juicios paralelos donde se juzga al presunto inocente antes de tiempo; los medios de comunicación y la calle dan su veredicto convirtiéndose en jueces, condenando o absolviendo según una mentalidad o unas ideas que no tienen nada que ver con el derecho.

Casi siempre se dividen en dos grupos, los que lo consideran culpable o inocente y, para colmo, politizando la justicia se dividen a la vez en otros dos grupos de izquierdas y derechas, haciendo de la justicia un batiburrillo difícilmente comprensible. 

Cada persona tiene un juicio predeterminado del asunto en cuestión. Se vierten opiniones sin tener mucha idea de las leyes que rigen nuestro ordenamiento jurídico, pero con la osadía de que están en posesión de la verdad. Unos enfrentamientos que siempre perjudican a la justicia, criticándola con una severidad y unas palabras que no son propias de un Estado de Derecho.

A los que estamos metidos en la justicia, o tenemos alguna relación, con ella nos duele y nos produce tristeza esté tan mal considerada cuando es uno de los tres poderes fundamentales. Y si la justicia va mal, se le politiza, no se le considera, sirve para dividir, se corrompe y la sociedad está enferma.

No se conoce a la justicia, se conoce a los jueces estrellas, a los juicios que salen en la televisión y en los medios de comunicación, pero eso es una mínima parte de una justicia con unos jueces trabajadores, honrados que hacen el mayor esfuerzo con unos medios insuficientes que cumplen unas leyes que le son impuestas y que se equivocan, como todos los seres humanos.


Pero de ahí a criticarla con malas artes, a pisotearla sin conocerla, hay un gran trecho que pondría en peligro una institución tan importante como la justicia.