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Poca iluminación diurna y falta de oscuridad por la noche dificultan el descanso

La luz de los hospitales no ayuda a descansar

Que dormir en un hospital es tarea difícil lo sabe bien cualquiera que haya tenido que pasar alguna noche ingresado. Pero las interrupciones del sueño y los ruidos no son los únicos enemigos hospitalarios para un buen descanso. Un pequeño trabajo publicado en Journal of Adavnced Nursing advierte de que la iluminación de los hospitales no ayuda precisamente a regular nuestro ciclo interno de sueño-vigía.

Ese reloj interno de nuestro organismo, el llamado ritmo circadiano, es esencial para muchas funciones vitales y se autoregula de manera eficiente cuando el ser humano se expone a la luz y a la oscuridad externa. De hecho, hay trabajos que han señalado que la alteración de estas rutinas día-noche que sufren, por ejemplo, los trabajadores del turno nocturno, puede estar relacionado con más casos de depresión e incluso de ciertos tumores.

En el caso de los hospitales, como alertan los autores de la Universidad de Cleveland (EEUU), el problema es que los pacientes ingresados están prácticamente sometidos a una iluminación muy débil las 24 horas del día: Ni las habitaciones están suficientemente iluminadas durante el día, ni suficientemente a oscuras durante las horas de sueño.

Los autores, encabezados por Thomas Hornick, reconocen que el suyo es un trabajo pequeño (con apenas 40 pacientes ingresados durante más de 72 horas en grandes hospitales de EEUU); pero sí reconocen que abre la puerta a indagar en esta cuestión con más profundidad.

A través de un medidor de luz portátil que los pacientes llevaron en sus muñecas durante todo el tiempo que permanecieron ingresados, los investigadores observaron que la iluminación diurna de las habitaciones era claramente insuficiente. Incluso en aquéllas que eran exteriores.

De hecho, explican en su trabajo, los pacientes tenían durante el día apenas 104,8 lux (una unidad de medida de la luminosidad), frente a los 150-250 que suele haber en un hogar durante las horas diurnas. En un ambiente exterior, explican, un día luminoso puede llegar a representar hasta 100.000 lux de intensidad y se calcula que el ser humano necesita unos 15 minutos diarios de 1.500 lux para la correcta regulación de su ciclo circadiano.

Sin embargo, señalan, en el caso de los pacientes ingresados expuestos a mayor luminosidad, las tasas de fatiga, dolor y alteraciones en el estado de ánimo eran claramente menores, según se desprende de varios test y escalas a los que fueron sometidos.

Por este motivo, aunque admiten que se trata de un proyecto pequeño, insisten en que los hospitales y sus responsables deberían llevar a cabo más investigaciones sobre cómo se puede manipular la iluminación de los centros hospitalarios en beneficio de los pacientes ingresados, sobre todo, acentuando el contraste lumínico entre día y noche. De hecho, resaltan, el 35% de los pacientes investigados dormía más de tres horas diarias, mientras que alrededor del 50% dormía menos de cuatro horas por la noche.

Hasta ahora, recuerdan, se ha estudiado sobre todo el problema de la falta de descanso en los hospitales por culpa de la luz demasiado intensa, los ruidos y las interrupciones frecuentes. Sin embargo, añaden, la iluminación diurna y su efecto en los estados de ánimo de los pacientes era un asunto menos estudiado, informa "El Mundo".