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Unas 500.000 personas sufren al año en el mundo daños en su médula espina

Caídas y accidentes, detrás de la mayoría de las lesiones medulares

Cada año, unas 500.000 personas en todo el mundo sufren una lesión medular. Y casi siempre el culpable es un accidente o una caída. Los datos acaba de aportarlos un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que repasa las principales causas, pronóstico y abordaje de un problema con múltiples ramificaciones.

La 'fotografía' de la OMS muestra que el riesgo de morir de forma prematura en estas personas es hasta cinco veces más alto que el de la población general y que, en todo el mundo, más hombres que mujeres sufren lesiones medulares.

En ellos, el riesgo de padecer este tipo de daño es especialmente alto entre los 20 y los 29 años y una vez cumplidos los 70, mientras que, para ellas, las mayores posibilidades de lesión se encuentran en la franja que abarca de los 15 a los 19 años y la que comienza a partir de los 60 años hasta el final de la vida.

En un 90% de los casos, subraya la OMS, detrás de las lesiones medulares está una causa traumática, como los accidentes de coche, las caídas o la violencia directa. Aunque este es el panorama general, existen variaciones significativas en función de la localización. Así, mientras que en África y la región del Pacífico Occidental el tráfico es el factor que en mayor medida contribuye a las lesiones (respectivamente el 70 y el 55% de los casos se deben a los accidentes), en regiones como el Mediterráneo Oriental son las caídas las principales responsables (hasta el 40% de las lesiones se relacionó con una caída).

En menor medida, las lesiones medulares también pueden estar ocasionadas por tumores, trastornos como la espina bífida o incluso la tuberculosis (En el África subsahariana, un tercio de las lesiones se debe a este problema).

Complicaciones

La pérdida de sensibilidad y movilidad total o parcial es la principal consecuencia que lleva aparejada una lesión medular. Pero no es la única complicación a la que tienen que enfrentarse quienes la padecen. Según la OMS, la mayoría de estos enfermos experimenta dolores crónicos y hasta un 30% muestra signos de depresión. Además, también son comunes las trombosis venosas profundas, las infecciones del tracto urinario, las úlceras por presión o las complicaciones respiratorias.

Por otro lado, está comprobado que esta condición dificulta el acceso a la educación entre los niños e impone barreras a la participación en las esferas social y económica entre los adultos afectados. De hecho, más de un 60% de los pacientes no tiene trabajo.

"Los daños medulares son un trastorno médicamente complejo y que interrumpe la vida", ha señalado en una nota de prensa distribuida por la OMS Etienne Krug, director del Departamento de Violencia y Prevención de Lesiones y Discapacidad de la agencia de la ONU.

En general, señala el especialista, la mayoría de las complicaciones asociadas a las lesiones no se debe al trastorno en sí mismo, sino a un abordaje inadecuado, una falta de programas de rehabilitación y a las barreras que siguen existiendo y que no sólo son físicas, sino también sociales. "Las lesiones de la médula espinal pueden prevenirse, se sobrevive a ellas y no tienen por qué suponer una exclusión social o sanitaria", ha subrayado.

Entre las medidas que propone la OMS para mejorar la supervivencia de los pacientes y superar los escollos con los que actualmente se encuentran destacan la mejora del abordaje sanitario (por ejemplo, es necesario reconocer rápidamente la posibilidad de lesión para tomar las medidas oportunas, como la inmovilización) o la ampliación de la disponibilidad de servicios de rehabilitación que "maximicen la funcionalidad, independencia, bienestar e integración con la comunidad".

Asimismo, el organismo de la ONU también insiste en la importancia de mejorar el acceso a dispositivos tecnológicos diseñados expresamente para facilitar rutinas diarias y ampliar el concepto de 'accesibilidad' tanto en hogares, como escuelas, empresas o transportes.

La eliminación de la discriminación en el entorno laboral y educativo y el apoyo a la autonomía económica también son fundamentales, subraya.