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En 2017 se diagnosticaron en España 14.677 nuevos casos de cáncer de vejiga

Un test predice si un cáncer de vejiga progresará de forma agresiva

De acuerdo con los datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en 2017 se diagnosticaron en nuestro país 14.677 nuevos casos de cáncer de vejiga, el quinto tipo de tumor más común entre la población española. Un cáncer cuya incidencia es abrumadoramente superior en la población masculina –hasta 12.364 de todos los casos se registraron en varones– y cuyo desarrollo se encuentra estrechamente ligado al tabaco, responsable de más del 40% de los tumores de vejiga. Y un cáncer cuya progresión es, por lo general, muy difícil de ‘predecir’.

De hecho, los médicos no tienen a día de hoy la manera de saber si el tumor evolucionará de forma agresiva, por lo que la decisión más común es que todos los pacientes se sometan a un seguimiento y tratamiento muy invasivos. Aun a riesgo de sobretratar innecesariamente al enfermo –con todas las consecuencias negativas que ello conlleva–. Sin embargo, esta situación podría cambiar en un futuro muy próximo. Y es que investigadores del Centro Oncológico Integral Lombardi de la Universidad de Georgetown en Washington (EE.UU.) han diseñado un test capaz de identificar de forma sencilla y precisa que tumores de vejiga acabarán suponiendo un riesgo para la vida del paciente.

Como explica Todd Waldman, director de esta investigación publicada en la revista «Clinical Cancer Research», «nuestro trabajo valida este test que ayuda a predecir cuándo un cáncer de vejiga en fase temprana acabará progresando y recurriendo. En consecuencia, nos encontramos más cerca de nuestro objetivo de reducir el riesgo tanto de sobrevigilancia como de efectos secundarios asociados al tratamiento en los pacientes con cáncer de vejiga».

El tumor ‘más caro’

A día de hoy se sabe que cerca de un 70% de los pacientes que son intervenidos quirúrgicamente para extirpar de forma temprana las lesiones –o ‘tumores’– que aún no han invadido la pared de la vejiga acabarán experimentando la reaparición –o ‘recurrencia’– de estas lesiones, así como que en torno a un 20% de estos afectados desarrollarán un cáncer invasivo. Sin embargo, este 70% no es un 100%. Y dado que los médicos desconocen qué tumores se tornarán ‘peligrosos’, la consigna es que todos los pacientes sean tratados como si existiera la certeza de que sus tumores recurrirán y/o evolucionarán de forma agresiva.

El resultado es que serán sometidos a una vigilancia post-quirúrgica muy intensiva, con la realización de cistoscopias cada tres meses durante los primeros dos años tras la operación –y una vez cada 6-12 meses, y de por vida, al cabo de estos dos años–. Todo ello sin olvidar la administración de tratamientos con sus consecuentes efectos secundarios.

Por tanto, la ausencia de una prueba eficaz a la hora de predecir la evolución del cáncer de vejiga determina que muchos pacientes sea sometidos a una vigilancia y tratamiento que, en realidad, resultan innecesarios. De hecho, y cuando menos en Estados Unidos, el abordaje del cáncer de vejiga es el económicamente más costoso de entre todas las enfermedades oncológicas. De ahí la importancia del nuevo test descrito en este estudio, hasta 2,4 veces más preciso que los ya disponibles a la hora de identificar los tumores que acabarán recurriendo tras el tratamiento, y hasta 1,9 veces más eficaz a la hora de predecir qué tumores progresarán, invadirán la vejiga y formarán ‘metástasis’ –esto es, se expandirán a otros órganos.

Y, exactamente, ¿en qué consiste el nuevo test? Pues básicamente, en el análisis de la sobreexpresión del gen ‘STAG2’ en los tumores extirpados de la vejiga durante la cirugía inicial. Y es que como muestran los resultados de los estudios previos realizados por los mismos autores, este gen ‘STAG2’ es un marcador clave para identificar qué tumores evolucionarán de forma agresiva.

Como indica Todd Waldman, «el análisis del gen ‘STAG2’ es un procedimiento muy simple y robusto para los patólogos que examinan de forma rutinaria los tumores extirpados».

Evitar los sobretratamientos

En definitiva, y como destacan los autores, el nuevo test podría ayudar a identificar a aquellos pacientes que no requieren una vigilancia intensiva y, lo que es más importante, confirmar qué casos requieren ser abordados con un tratamiento agresivo.

Como concluye Todd Waldman, «en principio, nuestro test posibilitaría reducir la frecuencia de vigilancia post-quirúrgica y tratamiento en los pacientes cuyos tumores sean negativos para el gen ‘STAG2’. Y por otro lado, confirmaría la necesidad de tratamiento y la intensificación de la vigilancia en aquellos pacientes en los que los resultados fueran positivos».