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El neurocientífico Reggie Edgerton ha retado a la inmovilidad con una terapia innovadora

Los avances de la neuroestimulación

El neurocientífico Reggie Edgerton ha retado a la inmovilidad con una terapia que está revolucionando el mundo, la neuroestimulación. Este estadounidense, el primero que hizo mover las piernas a un parapléjico, estimula la médula espinal de pacientes con lesiones graves para que recuperen el movimiento voluntario.

Reggie dice que su tratamiento se centra en la aplicación de corriente eléctrica a la médula, encima de la piel de la columna, y esto permite al individuo recuperar control voluntario sobre parte de su cuerpo.

¿Al principio de su carrera le costó convencer a sus colegas de que era posible recuperar la movilidad perdida en personas parapléjicas?

La primera vez que dije que la médula espinal podía aprender no fui demasiado popular. Es muy complicado cambiar una opinión si un dogma está muy arraigado en el entorno clínico. Cuando miro hacia atrás y me pregunto por qué hemos tardado tanto en recuperar la movilidad de las personas, más de 40 años, deduzco que se trata de la propia naturaleza de la ciencia. 

¿La médula espinal no ha recibido la atención que merece?

Los humanos somos muy ‘corticocéntricos’, nos impresiona nuestra corteza cerebral y no nos damos cuenta de la importancia de otras subestructuras. Está muy bien tener corteza, pero los actos fundamentales de la fisiología, como comer, sobrevivir y emparejarse, están en todo nuestro sistema nervioso, no solo en el cerebro. Puedes conducir desde tu casa al trabajo sin pensar en ello porque tu corteza cerebral abandona a los sistemas motor y sensitivo, que operan automáticamente para frenar en un stop. 

¿Y qué le hizo a usted reivindicar el papel de la médula frente al cerebro?

Yo digo que la corteza cerebral es la segunda parte de nuestro sistema nervioso. En la historia de la evolución los animales empezaron teniendo médula espinal y luego aparecieron el resto de estructuras. Siempre me he fijado en estos detalles porque estudié biología evolutiva. En una facultad de medicina no me hubieran dado la oportunidad de desarrollar esta perspectiva. 

Usted evita hablar de lesiones medulares completas. ¿Por qué?

Tenemos que ser más específicos al definir lo que clásicamente hemos llamado lesión medular completa. Hay personas con una lesión de grado A que presentan ausencia de función motora y sensitiva. Pero hay otras con una lesión de grado B que preservan la función sensitiva, a pesar de haber perdido la motora. Nos centramos en este segundo grupo de pacientes.

Según el dogma de las lesiones medulares completas, creíamos que solo se podía recuperar movilidad durante los meses posteriores al accidente, pero no después del año. Sin embargo, ya sabemos que aún hay esperanza para esos pacientes. La neuroestimulación transforma los circuitos anormales en otros activos.

¿Y por qué se centra en pacientes con lesiones medulares consideradas completas?

Decidimos empezar con el peor de los casos porque, si conseguíamos mejorar alguna función, lo podríamos atribuir a la neuromodulación. Si mostrábamos que se podían mover, lo podríamos relacionar con nuestra intervención y no con una recuperación espontánea, ya que estaba asumido que después del año estos pacientes no conseguirían nada. Otro motivo es que no se habían beneficiado de ninguna intervención durante años.

¿Cuántos pacientes participan en sus ensayos clínicos?

Muy pocos. Ahora estudiamos a ocho personas repartidas en dos experimentos: cuatro con las extremidades inferiores paralizadas y los otros cuatro con la parte superior afectada. Queremos saber qué tipo de cambios podemos esperar y cómo conseguirlos antes de aplicarlos a toda la población. Nuestra estrategia ha sido estudiar pocos sujetos en detalle, en lugar de un centenar de ellos, con los que nunca hubiésemos obtenido esta información.

¿Qué relación tiene con rob summers y otros de sus pacientes, a los que se ha visto en prensa por su logro ?

Uno de ellos me contaba que un amigo suyo había aprendido a ponerse de pie y bailar con su mujer, algo que no podía hacer antes. Tuvo el placer de conseguirlo. El otro día hablaba con un grupo de pacientes y uno me decía que solo le gustaría poder ir a un bar y quedarse en la barra mirando a otra persona a la altura de los ojos. Son estas pequeñas cosas. Siempre les pido a mis pacientes que me lo cuenten todo, que nunca me contarán demasiado. Cualquier información puede ayudarnos a entender mejor qué les está pasando.

A sus 75 años, ¿tiene previsto retirarse?

No creo. Me gustaría poner estas técnicas a disposición de otros pacientes. Desafortunadamente ahora tengo que aprender cómo convertirme en algo más que un científico para meterme en el mundo de la empresa. Pensaba que muchas compañías estarían interesadas en comercializar nuestras terapias, pero no ha sido así, de modo que finalmente hemos creado la nuestra.