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La lucha contra el rechazo a la vacuna en Nigeria ha conseguido detener la transmisión

Los últimos de la polio

La lucha contra el rechazo a la vacuna en Nigeria ha conseguido detener la transmisión de la polio. Aún quedan frentes abiertos en Afganistán, Pakistán y Oriente Medio, donde la guerra dificulta el trabajo.A Issa le vaguea un poco el brazo derecho. Para demostrarlo, su madre le coge la mano y la levanta. Plof, el miembro cae golpeando al niño el regazo. Su abuela le coge de nuevo la mano y la levanta. Plof, el brazo se desploma otra vez. A la tercera, quizá porque el pequeño está harto, se resiste y aprieta con fuerza para evitar la maniobra y demostrar que no está tan tonto.

El público, en la cochambre de habitación a oscuras, se asombra, jalea y aplaude.El brazo de Issa Amadu, de dos añitos, es casi asunto de estado. Su caso es el último registrado de poliomielitis en Nigeria. El dispositivo de vacunación y vigilancia establecido por las agencias integradas en la Iniciativa Global de Erradicación de la Polio (GPEI, en siglas en inglés) y las instituciones gubernamentales implicadas avalan el logro: Tras más de un año sin detectar nuevos casos, Nigeria se ha deshecho del virus que lo relegaba a ser, junto con Afganistán y Pakistán, uno de los tres únicos países donde la enfermedad es aún endémica.

Desde 2006, el número de víctimas del virus salvaje [no derivado de la vacuna], ha pasado del récord de 1.122 a sólo una en 2014. ¿La clave? «Involucrar a la población local y a los líderes de la comunidad», explica Priyanka Kana, responsable de comunicación de UNICEF en Nigeria, mientras repasa con el equipo de vacunación las hojas donde detallan cada puerta a la que han llamado y cada niño al que han hecho tragar las gotitas que encierran el secreto de la inmunización global, informa "El Mundo".

«El líder de la comunidad es parte del equipo, y también los supervivientes de la polio, que van casa por casa diciendo: Eh, si no le vacunas esto es lo que le va a pasar a tu hijo». «Eso no ocurría antes», añade.A Binta, la madre de Issa, la gesta no le borra la cara de mohín. Le preocupa su hijo, al que tiene que prestar atención las 24 horas del día, dice. «No juega con otros niños porque cuando sale se suele caer», se lamenta, cansina, «así que está todo el tiempo conmigo, no le dejo irse lejos por si le pasa algo». Y eso a pesar de que el pequeño puede mantenerse en pie, andar y hasta posar ante una cámara, lo que no soporta es que Binta le intercambie en su regazo por su hermana bebé y, en cuanto lo suelta, se pone a berrear.

Los menores de cinco años, las víctimas preferidas del virusLa poliomielitis, una enfermedad que ataca al sistema nervioso, causa parálisis y hasta la muerte, no tiene cura, pero sí una vacuna que se puede administrar en tres rondas de gotas por vía oral o con una sola inyección. Las víctimas preferidas del virus, contenido en las heces y que se transmite por ingerir agua o alimentos contaminados, son los niños menores de cinco años, como Issa, a quien la enfermedad le ha dejado las menos de las secuelas.Todo empezó con una fiebre un martes 22 de julio de 2014, relata Binta.

El miércoles, su hijo ya no podía mantenerse en pie. «Lo llevé al hospital y dijeron que quizá era malaria», recuerda. «No se podía sentar, no podía andar, lo tenía que sujetar todo el tiempo». Las muestras que le tomaron dieron positivo para polio. Al regresar a casa, la joven de 25 años decidió encararse con su marido: «Amadu, te negaste a vacunarlo, ahora mira lo que ha pasado».La familia era una de las cientos que llevan lustros rechazando una vacuna que despierta recelos en gran parte de la población.

«Algunos dirán que es por la pobreza», apunta Asmau Usman, una de las movilizadoras que, en días de vacunación, recorre para UNICEF las calles de Nassarawa, en Kano, la capital del estado norteño del mismo nombre. «Hay pobreza y nadie trae comida para los niños, no hay trabajo», aclara, «pero sí vienen a parar esto: polio, polio, polio».El hartazgo que relata Asmau revela un factor fundamental al que la GPEI ha tenido que hacer frente. Gobiernos, instancias políticas y religiosas, guerrillas y grupos terroristas han utilizado la polio como presión. El caldo de cultivo ha sido una población iletrada y, en muchos casos, marginada y aislada

.Kano, donde se han registrado más casos entre 2010 y 2013 que en el resto de Nigeria, es el más poblado y uno de los estados olvidados por el Gobierno. Con más de 11 millones de habitantes, su renta per cápita baja hasta los 1.300 dólares frente a los 6.000 para todo el país. La mayor incidencia de la enfermedad allí, ligada a la mayor tasa de rechazo entre una población eminentemente musulmana, no es gratuita. La participación de los líderes islámicos y la población local en la vacunación, además del espaldarazo del Gobierno ha sido en Nigeria tan determinante como lo fue en India, que ya ha cumplido dos años desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la declarase libre de polio y, por tanto, a toda la región del Sudeste Asiático.

«Encontramos una sobrerrepresentación de casos de polio entre la población musulmana en Uttar Pradesh y Bihar, donde circulaba la mayor parte del virus», explica Jeffrey Bates, que llegó con la OMS en 2002 a India para ver qué fallaba. Según Bates, pese a que la población musulmana apenas alcanzaba el 17% en esos estados, acumulaba el 56% de los casos registrados de polio. La causa: «Los niños musulmanes estaban recibiendo mucha menos vacuna».Más de diez años después del hallazgo, Bates habla desde su despacho de UNICEF en Erbil, la capital del Kurdistán iraquí.

Desde allí coordina junto al personal de la OMS, la estrategia para controlar el último brote de polio que llevó a la ONU a lanzar una alerta sanitaria mundial en 2014, confirmando la volatilidad en el regreso del virus años después de ser supuestamente erradicado.Desde 2009, ni Siria ni Irak, los dos países que hicieron saltar la alarma, habían declarado un sólo caso de polio en su territorio.

Eso fue hasta que estalló la guerra que ha puesto patas arriba Oriente Medio y que ha obligado a embarcar a otros seis países en un plan de contención que, según Chris Maher, responsable de la estrategia de erradicación de la OMS, va viento en popa.«El hecho de que no haya habido ningún caso de polio en más de un año es alentador y, bajo circunstancias normales, hubiéramos declarado el brote finalizado», comenta en conversación por Skype.

«En Siria e Irak, dada la situación de conflicto y los asuntos en la zona, no estábamos absolutamente seguros como para declarar que el brote había cesado».Los conflictos complican la monitorizaciónLas dudas las despiertan los mismos problemas a los que la GPEI achaca la vuelta de la enfermedad después de alertar, a finales de 2013 y mediados de 2014, de 38 casos de polio en las provincias sirias de Alepo y Deir Ezzor, ambas sacudidas por los bombardeos del régimen de Bachar el Asad, y otros dos en la capital iraquí, Bagdad.

La afluencia de refugiados y desplazados que han saturado Líbano, Jordania o Turquía, y la falta de acceso a zonas sitiadas o controladas por fuerzas rebeldes complican la monitorización, convienen tanto Bates como Maher. Y aun así, los números apuntan a que el dispositivo de vacunación ha logrado alcanzar al 99% de los menores de cuatro años.«La táctica para alcanzar a cada niño en Siria o Irak es algo diferente a la de otros lugares como Jordania, Líbano o Turquía, donde no hay un conflicto directo», apunta Maher. ¿La clave para circunvalar los puntos negros? «Intentar identificar qué áreas del país no pueden ser alcanzadas y quién tiene el potencial para llegar allí con la vacuna».

En esa tarea participan no sólo UNICEF y la OMS junto con las autoridades sanitarias en cada área. El dispositivo de vacunación se ha empotrado en la respuesta a la crisis de refugiados, la mayor a nivel global desde la segunda guerra mundial, y organizaciones no gubernamentales que trabajan en los campos de desplazados como el de Harsh, en Erbil, están usándolo.Allí, familias como la de Abu Ahmed, huida de Mosul, la llamada capital del Estado Islámico en Irak, han podido revacunar a su pequeño de cuatro años tras un periplo de meses que les llevó también a Hawiya y Kirkuk.

«Le llevamos a la clínica del campo en cuanto abrió», asegura. «Sabíamos que tenían la vacuna allí y sabíamos que era la fecha». Antes, cuando todo era vagar de tienda en tienda en una situación «miserable» no habían tenido la oportunidad, confiesa. «Ahora la situación es mejor», dice el padre de familia. «Espero que podamos volver pronto a casa».Este proyecto ha sido financiado por el Centro Europeo de Periodismo a través de su programa de ayudas a la Innovación en Periodismo al Desarrollo, financiado por la Fundación Bill & Melinda Gates.