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Unidad de Sexualidad y Reproducción Asistida del Hospital Nacional de Parapléjicos

El sexo sobre ruedas

El 31 de marzo de 2016 a Juan José Arroyo (39 años) le cambió la vida. Ese día se encontraba en su Alicante natal quitando la lona de su camión subido al remolque, pero cayó, se dio un golpe en la cabeza y perdió el sentido durante una hora. Ahora vive con su mujer y su hija en Toledo, donde está el Hospital Nacional de Parapléjicos, centro de referencia para tratar lesiones medulares. Aquí ingresó irremediablemente el 19 de abril del pasado año.

Desde este trágico suceso, la vida de Juan José, como la de cualquier otro lesionado medular, se ha convertido en una carrera de obstáculos en su silla de ruedas. Sus primeras preocupaciones tuvieron que ver con los problemas de movilidad y con su situación de dependencia, al igual que con el control de esfínteres tanto de la vejiga como del ano. Sin embargo, tal y como cuenta el responsable de la Unidad de Sexualidad y Reproducción Asistida del Hospital de Parapléjicos, Eduardo Vargas, «conforme va pasando el tiempo, surgen nuevos quebraderos de cabeza, como los que tienen que ver con la vida sexual».

Aunque la gran mayoría de pacientes de esta unidad hablan abiertamente de esta problemática entre ellos y con los doctores de la unidad, es difícil que se sinceren sobre determinados temas fuera de ese ambiente. Pero Juan José sí quiere compartir su experiencia. «Mi vida sexual después del accidente se hizo muy difícil y psicológicamente es un cambio brusco», reconoce a ABC.

Según explica Eduardo Vargas, los principales problemas, en el caso de los hombres, son la disfunción eréctil y la eyaculación; por lo que se refiere a las mujeres, los cambios en el proceso sexual y dificultades para la excitación, de orgasmos y de lubricación en la zona vaginal. Pero lo más frustrante en ambos casos son las dificultades para tener hijos, sobre todo para los hombres debido a los problemas de eyaculación o si el esperma tiene la calidad y la cantidad suficiente. Una preocupación que Juan José no sufre porque tiene ya una niña de tres años, aunque ahora él y su mujer quieren tener otro hijo.

En esta situación, indica el médico de Parapléjicos, lo primero que explica al paciente que acude a su consulta es hacerle entender el tipo de enfermedad medular que padece y, en función de eso, fijar un tratamiento acorde a su patología. «Nuestra intención es que el paciente lleve una vida sexual satisfactoria no viendo como objetivo principal el coito, a pesar del problema de la disfunción eréctil u otros».

Sobre la relación sexual con su pareja, Juan José comenta que en la Unidad de Sexualidad te enseñan a saber cómo actuar. «Mi mujer me decía al principio que no sabía dónde tocarme para darme placer debido a la pérdida de sensibilidad de cintura para abajo», relata este paciente, quien señala que los genitales pierden fuerza en la relación y pasan a jugar un papel fundamental los preliminares, el descubrimiento de otras zonas erógenas y el tratamiento médico.

«En esta situación no prima tanto el aquí te pillo, aquí te mato», subraya Juan José, quien además dice que es algo imposible porque, según cuenta, «a veces te tienes que tomar un medicamento y esperar una o dos horas para ver si hace reacción y produce una erección estable y duradera».

«Hay vida más allá del coito y de la penetración, y comienzas a valorar más el cariño y el afecto». Esto es lo que enseña a sus pacientes María Ángeles Pozuelo, psicóloga clínica de la Unidad de Sexualidad del hospital de Parapléjicos, quien desvela que muchas parejas ganan en lo que son sus relaciones afectivas y sexuales después de una lesión medular.

María Ángeles Pozuelo dirige una reunión de grupo entre pacientes del centro que se reúnen una hora a la semana durante los seis u ocho meses que dura el tratamiento. Esta profesional reconoce que los pacientes, al principio, «no son tan dados a tratar sus cuitas y les cuesta hablar de sus problemas con el sexo, pero paulatinamente pierden el pudor y se acercan a la consulta para pedir ayuda». Con 28 años de experiencia en el hospital de Parapléjicos, explica que «la sexualidad ha cambiado mucho a lo largo de estos años, tanto en la forma de enfocarla como en los estereotipos y los roles sexuales».

En el primer momento del ingreso, señala la psicóloga, «no es bueno intervenir con ellos en este aspecto, ya que el tema de la sexualidad es muy peliagudo para un recién llegado al hospital y se convierte en secundario en el grado de prioridades. Es como cuando te mudas a una casa nueva: lo primero que necesitas es una cama, una mesa y unas sillas; los adornos vienen después. Pues en el caso del sexo, pasa lo mismo que en una comida, es como el postre, queda en un segundo plano, pero el paciente paulatinamente empieza a demandar información y ayuda al respecto, y es cuando acuden a la consulta».

Sexo «Slow»

Ahora que está de moda la corriente «slow» (despacio en castellano), lo que pretenden desde esta Unidad de Sexualidad del Hospital de Parapléjicos es inculcar en los pacientes con lesión medular el concepto de «sexo slow» como un sexo de calidad. «Es algo más fácil de asumir si el paciente es más joven, ya que los que son mayores tienen una idea más tradicional y basada en lo genital, y más en el caso de los varones», expresa María Ángeles Pozuelo.

«Pierdes la vergüenza y comienzas a hablar abiertamente de ciertas cosas tanto con los médicos y profesionales sanitarios del hospital como con los propios compañeros. Esto es como una gran familia y hablas igual del control de esfínteres que de sexo, no hay problema», asegura Juan José.

Sin embargo, según indica el responsable de la Unidad de Sexualidad de Parapléjicos, «la cuestión psicológica, al igual que la física, no es la misma en una persona con una enfermedad congénita (es decir, de nacimiento), como en el caso de la espina bífida, que en un lesionado medular, ya que un accidentado tiene un pasado y puede comparar su vida anterior con su situación actual, y ello puede acarrear problemas psicológicos en algunos casos».

De hecho, el doctor Vargas afirma que «cuando un paciente no consigue recuperar una vida sexual placentera o no alcanza sus expectativas, puede convertirse en una frustración o un trauma para él, e incluso una enfermedad psicológica, y necesita tratamiento psiquiátrico en algunos casos, algo que sucede más entre los hombres».

Otro hecho muy curioso que destaca el doctor Vargas tiene que ver con los cambios físicos del enfermo, algo que tiene que asumir su pareja, y no solo por la inmovilidad, sino también por cambios en la coloración de la piel y en el olor corporal. «A pesar de todas estas adversidades, la gran mayoría de pacientes que pasan por la consulta se muestran satisfechas con su nueva vida sexual».

En este sentido, un estudio realizado por el propio Hospital de Parapléjicos de Toledo hace pocos años reflejaba que más del 85% de los hombres con lesiones medulares, la mayoría tetrapléjicos, consiguen tener algún tipo de erección y casi el 100% pueden eyacular y tener hijos. Algo que puede corroborar el propio Juan José Arroyo, que lleva una vida sexual sobre ruedas.