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Aún más que la falta de infraestructura de las ciudades

Indiferencia, mayor limitante para personas con discapacidad

La indiferencia de las personas es la mayor limitante para las personas con discapacidad, aún más que la falta de infraestructura de las ciudades" compartió Hilda Rosario Hinojos, Rosy, como la conocen sus amigos, quien es invidente desde los 13 años, madre de dos hijos y jefa de familia desde su divorcio, además de trabajadora activa.

El amor por la vida, la pasión por descubrir cosas nuevas y la entrega a sus hijos han llevado a Rosy, como la llaman conocidos y compañeros, a comprometerse en la industria hotelera, trabajando por su desarrollo personal para contribuir en las metas comunes, afrontando todos los retos de la vida. Hilda Hinojos es una persona entregada, una mujer trabajadora y entusiasta por los nuevos conocimientos y retos, a sus 30 años, trabajará como asesor de ventas para el Hotel Encore Chihuahua, aprende idiomas para enriquecer su trabajo, es madre de una niña de ocho años y un bebé de ocho meses, tiene una licenciatura trunca y cada día recorre un trayecto de aproximadamente dos horas para llegar a su trabajo y volver a su hogar, donde comparte gastos con una amistad.

A los 11 años vivía en su natal Saucillo, cuando supo que perdería la vista al padecer miopía avanzada, se enteró de ello por conversaciones de otras personas y fue aceptando la idea, antes de perder la vista Rosy aprendió Brayle en la escuela Benito Juárez, para estar preparada para su vida.

La pérdida de vista efectivamente ocurrió cuando ella tenía 14 años, además se presentó un desprendimiento de retina, "para muchos jóvenes esto habría sido una gran limitante, pero para mí sólo fue una condición con la cual ahora debía vivir" explicó Rosy. Rosy, al perder la vista se mudó a esta ciudad, para iniciar su carrera educativa, debido a que en Saucillo no existían escuelas para personas con problemas de la vista, por lo que llegó a vivir a un internado del Club de Leones, donde recibió su etapa de formación inicial.

Estando en el internado estudió la secundaria, que inició cuando tenía 18 años, computación y matemáticas, "a mí, en realidad me gusta mucho aprender cosas nuevas, disfruto de los nuevos conocimientos, sobre todo el leer y escribir, pero también las matemáticas," externó Rosy.

Para aprender matemáticas me auxiliaron muchas personas, como lectores en voz alta y muy buenos maestros, para aprehender a sumar y hacer operaciones utilizamos materiales duros de apoyo como plastilina para entender las abstracciones. El proceso de aprendizaje resultó para Rosy una oportunidad de explorar nuevos mundos y así empezó a cursar la preparatoria en una escuela particular, debido a que su edad no estaba a la par de la que solicitan las escuelas regulares, antes de concluir se integró como asesora a Cediac, donde antes de terminar los estudios de nivel medio superior obtuvo su primer empleo formal.

Cumplidos los 20 años empezó otra invaluable etapa en la vida de Rosy, dejó el internado para contraer nupcias y empezar una vida en familia, empezó también la oportunidad de su carrera profesional con su ingreso a la Escuela Normal del Estado y una cadena de bellos proyectos de vida. A los dos años de matrimonio se presentaron demandas económicas, "como no contaba con beca, la vida trazó un rumbo, o trabajaba o estudiaba" compartió Rosy, y abandonó sus estudios, los cuales tuvo que postergar por algunos años, para poder reunir recursos.

Esta pausa, en la cual nació su primera hija, sumada a su edad le impidió volver a la Normal, por lo que empezó a intentar ingresar a la Normal Superior, "yo quería estudiar español, pero en el año que logré entrar, después de algunos intentos, no se abrió esa materia pero sí matemáticas, por lo que eso fue lo que tomé para estudiar".

Tiempo después se presentó el proceso de divorcio, una difícil etapa, por lo que tuvo que retirarse de la Normal Superior y dejar sus estudios truncos, nació también su segundo bebé, que ahora tiene ocho meses, y con ello se presentó otro nuevo cambio en su vida. Inició su etapa como jefa de familia con la importante y primordial preocupación de continuar su desarrollo personal y sacar adelante a sus hijos: "me gustan mucho las computadoras, me pongo a arreglar la mía y a desarreglarla, también a veces queda mejor y otras peor, pero cada vez lo intento y me entretengo, a lo mejor si estudiara podría ser algo de informática, si le "intelijo", sin embargo, podré estudiar cuando mis hijos crezcan, pues ahora, o estudio, o trabajo para sacarlos adelante, ya que crezcan espero que no me traigan nietos para poder estudiar algo de computación o idiomas" confesó Rosy.

El espíritu de Rosy se alimenta con su gusto en la literatura, la cultura, la música, con la constante creación de leer y escribir, "me gustan las cosas simples, somos muy mis hijos y yo la inquieta, entusiasta y llena de energía, María Valeria y José Gabriel que es un muy buen niño". Cada día, Rosy se levanta a las cuatro de la mañana para preparar e iniciar las labores del día, pese a que entra a trabajar cerca del mediodía debe dejar todo dispuesto para llevar a su hija a la escuela, tomar el camión, llevar a su hijo a la guardería, y tomar el autobús a su trabajo, en todo este trayecto invierte entre dos horas y media, al igual que para volver a su hogar.

Para hacer su travesía, se acompaña de herramientas como un canguro para transportar a su hijo, y un bastón guía que le permite tomar su rumbo y percibir el mundo y su entorno. El recorrido lo hace con mucho cuidado; para proteger a su hijo lo cubre con su mano y su antebrazo para evitar golpearlo con algún objeto durante el trayecto, y también está consciente de que puede presentarse alguna caída, como ya se han presentado, y para ello trata de caer de rodillas y balancear su peso para evitar el impacto en el bebé.

"Lo más difícil que debemos afrontar las personas con discapacidad es la indiferencia de otras personas" explicó Rosy, "en ocasiones paso largo tiempo esperando el camión y después de preguntarle a muchos camioneros la ruta que conducen para saber cual debo tomar, logro subir al que me corresponde y detrás de mí suben muchas personas que estuvieron todo el tiempo ahí y yo no lo sabía, pero no saben que a nosotros no nos molestaría que nos pregunten, ¿en qué le puedo ayudar? y esto no les quita un espacio adicional" expresó Rosy.

"Además en ocasiones me acerco a personas que están con su celular y música, les digo, disculpe... disculpe... pero no me escuchan o sólo se hacen a un lado para que no les siga hablando, e incluso también voltean y en automático responden no traigo dinero, pero... yo no le iba pedir, para ello trabajo, sólo quiero saber la ruta del camión que alcanzo a escuchar", expresó con conmoción.

"Sin embargo, esto es un problema de cultura y falta de preparación para apoyar a las personas y para aprender como sociedad a convivir con quienes sufren alguna discapacidad, pero no se trata de dar lástima, eso es aún peor, sólo un poco de solidaridad y aceptarnos como personas también", enfatizó Rosy.

Rosy, como ella se define, es una persona que siempre busca y como busca encuentra; en ocasiones esa búsqueda tiene un resultado que no es el que ella esperaba, pero su filosofía es "siempre lo intento y no me quedo con el "hubiera hecho", sino que lo hice y que padre, obtuve esto, pero cuando no lo logro, está bien de esto aprendo y puedo ser mejor".

Ahora Rosy espera iniciar su trabajo en el Hotel Encore, que cree será uno de sus mejores trabajos, pues disfruta de las matemáticas que ofrecen las cotizaciones, además disfruta del trato con la gente y sobre todo le dará la oportunidad de realizar un anhelo, el aprender idiomas; por lo pronto debe empezar con inglés, pero también espera aprender francés.

Fuente: oem.com.mx