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Argentina

Leonel, el navegante que ayuda a discapacitados a conocer el mar

Es voluntario de una fundación que arma un barco preparado para navegar en sillas de ruedas. Nada lo detiene . Le hace frente a las dificultades propias y ajenas. Sobre todo a estas últimas. Es que Leonel es voluntario de una fundación que construye un barco especial: la goleta Santa María de los Buenos Aires, un velero pensado para navegar con discapacitados . Una idea que surgió hace casi cuatro años en la cabeza y el corazón de 21 navegantes y que hoy necesita un empujón para poder cruzar los mares.
Esta historia nació en 2007 cuando un grupo de amigos navegantes crearon una fundación -que lleva el mismo nombre de la goleta- y le propusieron al diseñador Germán Frers construir un barco en el que pudieran circular sillas de ruedas, integrar personas discapacitadas, enseñar y aprender.
Frers aceptó el desafío y se sumergió a dibujar en su estudio, uno de los más importantes del mundo, los primeros trazos de esta goleta. Y también se transformó en un voluntario. Donó su trabajo y esfuerzo al igual que Leonel.
A sus 35 años, y con 16 de instructor de yachting, Leonel sabe lo difícil que puede llegar a ser animarse a subir a un barco. Y mucho más para personas discapacitadas o con problemas de movilidad.
Navegaba.-cuando no- por Internet cuando se topó con el sitio de la goleta. “Lo vi y dije acá tengo que estar. No podía creer que esto fuera en Argentina”, recuerda Leonel en Puerto Madero, con la corbata que le exige su trabajo aún puesta.
Así, se sumó a las navegaciones inclusivas, como se conoce a estas salidas.
A su lado, Claudia Álvarez asiente con la cabeza. Sabe en carne y hueso lo que dice Leonel. No había cumplido los dos añitos cuando tuvo poliomielitis. Pero las secuelas que le dejó nunca la frenaron. Y cuando supo de estas navegadas que pretendían llevar a los discapacitados al mar, se anotó.
Claudia conoció las entrañas del agua en marzo pasado. Y se enamoró de velas y viento . Las olas le devolvieron la esperanza de disfrutar de un espacio hasta ese momento impensado.
“Fue fantástico. Increíble. Era un día nublado y había mucho viento. Salimos al canal y dimos una vuelta grande. Que te incluyan así es muy importante. Te hace sentir bien”, explica Claudia, profesora de biología hace 22 años.
El trabajo de Leonel consiste en hacer que las personas como Claudia trabajen en equipo arriba de un barco . “Todos hacen todo. Nadie se salva”, asegura entre risas.
“El fin es conocernos y estar en contacto con la naturaleza. El barco es el canal, el vínculo. Uno tiene que saber interpretarlo para contactarse con la naturaleza. Vivimos a flor de piel situaciones que también se dan en la vida cotidiana pero que no se viven de manera tan magnificada como en la náutica”, explica.
Leonel y un equipo de voluntarios y tripulantes salen una vez al mes acompañados de discapacitados y lo harán con adictos en recuperación y personas con problemas de integración.
Ese es el objetivo de estas navegadas: integrar, unir, compartir.
“Somos todos iguales y a la vez diferentes y eso es lo que hay que disfrutar. Incluir a distintas personas que sepan o no navegar, que tengan distintos tipos de capacidades es lo rico que tenemos. El barco iguala, los pone a todos en el mismo nivel”, señala.
Cuando afloran diferencias, Leonel aclara: “Lo que hace uno no lo puede hacer el otro y así se van compensando”.
Como Leonel son 145 los voluntarios que le ponen el hombro y la esperanza a esta idea. Ya han navegado con ellos 54 personas. El 30%, con discapacidad.
Y como la construcción de un velero es compleja y lleva mucho tiempo -más cuando se hace a pulmón como en este caso- los creadores del proyecto decidieron avanzar y ponerle motor a las navegaciones inclusivas en barcos prestados. Mientras, terminan de construir la goleta en la que podrán circular sillas de ruedas y en la que harán travesías más largas.
“Brindar ese amor a bordo a personas que no tienen la posibilidad de subirse a un barco me llena de felicidad”, se emociona Leonel.
Con la experiencia que gana ahora, espera estar listo para cuando se termine de construir la Santa María.
Aunque el casco de este velero, único en su tipo en el país, está listo en un 98% aún falta mucho por conseguir. Por ejemplo, el ascensor que llevará las sillas de ruedas de cubierta a los camarotes especiales ( ver Qué falta… ).
Mientras, Leonel y los voluntarios no se quedan quietos. Suben y bajan, preparan velas y adujan cabos.
Buscan barcos amigos para seguir sumando millas en esta carrera contra las dificultades.
Y, una vez al mes, se lanzan a la aventura de adentrarse en el agua, rodeados por las ganas de vencer los obstáculos que aparezcan, vengan del cielo, del mar o de adentro.