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Un disparo a quemarropa durante un robo a mano armada que le dejó parapléjico

Lenín Moreno, el hombre que puede suceder a Correa al frente de Ecuador

Algunos le consideran el contrapunto amable al político Rafael Correa, quien nunca ha rehuido una pelea e incluso se ha subido al ring. A diferencia del presidente ecuatoriano -conocido por su mordacidad y su respuesta rápida-, su posible sucesor, Lenín Moreno, es un hombre que habla despacio y trata, ante todo, de conciliar. No en vano fue el artífice de la campaña de 2008 “Sonríe Ecuador, somos gente amable”, que buscaba promover la tolerancia y la convivencia entre ciudadanos.

Moreno nació hace 63 años en Nuevo Rocafuerte, en la provincia oriental de Orellana, cerca del Amazonas. Hijo de dos maestros de escuela, su talento intelectual quedó pronto de manifiesto: además de ser licenciado en Administración Pública, cursó estudios de medicina y psicología. Vicepresidente de Correa en la elección de 2007, su gran logro político ha sido radiografiar la situación de los discapacitados en Ecuador mediante la llamada Misión Solidaria Manuela Espejo, y dotarles de ayudas, de las que se han beneficiado más de 130.000 personas, informa "El Confidencial".

La concienciación sobre la problemática de este colectivo le viene de su experiencia personal: en 1998 recibió un disparo a quemarropa durante un robo a mano armada que le dejó parapléjico. Para superar aquella tragedia, Moreno recurrió al humor, y hoy es autor de una decena de libros sobre el tema.

También se volcó con la cuestión de la integración, hasta el punto de que el secretario general de la ONU Ban Ki-Moon le nombró su Enviado Especial sobre Discapacidad y Accesibilidad en 2013, para lo que se trasladó a Ginebra. “La discapacidad no es incapacidad”, ha dicho en alguna ocasión. El Gobierno de Ecuador le ha propuesto también para el Premio Nobel de la Paz. Hoy, la silueta de su silla de ruedas es una visión inconfundible en los mítines de Alianza PAIS, el partido fundado por Correa, con el que sus seguidores esperan poder continuar su denominada “revolución ciudadana”.

Reputación de gestor eficaz

Como candidato, a Moreno no han conseguido encontrarle los trapos sucios que a menudo abundan en las biografías políticas. Este intelectual lleva cuatro décadas con la misma mujer, y no se le conocen escándalos. El pasado julio, sus rivales dentro del partido trataron de agitar las aguas revelando que los gastos de su estancia en Ginebra eran financiados no por la ONU sino por el Gobierno ecuatoriano, pero apenas tuvo impacto alguno.

De modo que esas, en definitiva, son las bazas con las que Moreno ha tratado de seducir a los ecuatorianos: la solidaridad, la eficacia como gestor y el buen humor. Una estrategia que podría ayudarle, hasta cierto punto, a desvincularse del inevitable desgaste sufrido por Correa tras una década de gobierno, y que parece estar funcionando: "Hay una suerte de idealización de la imagen de Moreno que hace que la ciudadanía le asigne esta potencialidad de generar una buena gestión. Capta la intención de voto incluso de aquellos que no están cien por cien satisfechos con la gestión del Gobierno", explicaba a la agencia AFP hace unos días Paulina Recalde, directora de la firma de demoscopia Perfiles de Opinión, que en una encuesta le asignaba al candidato un 49% de la intención de voto.

Al final no ha sido así, y el casi 39% que ha obtenido en los comicios de este domingo le impiden proclamarse vencedor en la primera vuelta. Los ecuatorianos, parece, tendrán que volver a las urnas esta primavera para decidir quién será su presidente. Aquellos partidos opositores que se han quedado fuera están pidiendo el voto para su rival, el empresario Guillermo Lasso. Moreno, en cambio, cuenta con el apoyo no solo de los satisfechos con el ejecutivo de Correa, sino también de muchos críticos que están dispuestos a darle una oportunidad. Está por ver si los años pasados al lado del presidente saliente acaban siendo un lastre o un beneficio.