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Afecta al 8 por ciento de la población

El drama de la incontinencia fecal

Los pacientes con incontinencia fecal sufren muchas veces depresión y baja autoestima por este trastorno originado por múltiples causas y que está estigmatizado en la sociedad por esa falta de control a la hora de ir al baño.

Algunos de estos pacientes han acudido a una jornada sobre disfunción intestinal, que afecta al 8 % de la población, a la que han asistido también el jefe Servicio Urología Infantil del Hospital La Paz, Pedro López Pereira, y el jefe clínico de la Unidad de Lesionados Medulares del Hospital Vall d'Hebrón de Barcelona, Miguel Ángel González Viejo, entre otros.

La disfunción intestinal y más concretamente, la incontinencia fecal, se da tanto en niños como en adultos, generalmente entre los 4 y los 11 años, en el primer caso, y a partir de los 65 años, en el segundo.

Las causas son múltiples: destacan las lesiones medulares o neurológicas, de origen funcional -estreñimiento crónico o mal funcionamiento del colon- o las originadas por secuelas quirúrgicas. En el caso de los niños, además, se debe muchas veces a ciertas malformaciones congénitas.

La incontinencia por rebosamiento consiste en una disminución de la motilidad intestinal que produce un estreñimiento, lo que a su vez provoca que la ampolla rectal siempre esté llena y que se escapen heces, según López Pereira.

También se pueden originar pérdidas cuando el funcionamiento de los esfínteres de control anal es deficiente y la resistencia por tanto no es suficiente.

La medicación y los irrigadores anales son, hoy por hoy, las grandes soluciones, pero "muchas veces el paciente no reconoce el problema, con lo que no se le puede tratar y las consecuencias son cada vez más graves", según el doctor.

María Ángeles Prosper tiene una hija, Ana, que nació con espina bífida debido a un mielomeningocele. Desde que nació sufre incontinencia urinaria y fecal, y en estos años se ha sometido a una veintena de intervenciones quirúrgicas.

"Nuestra vida era horrorosa hasta la llegada de los nuevos tratamientos. En el colegio lo pasaba muy mal, iba con pañal, tenía escapes, era muy desagradable. Empezamos la batalla con fibra, infusiones y sobres, pero se los daba durante toda la semana y luego, cuando llegaba el momento en que le hacían efecto, teníamos que estar todo el día en casa sin poder salir", comenta esta madre.

Ahora, Ana, con el irrigador puede defecar cuando le apetece en apenas tres cuartos de hora y no lleva pañal.

Otra paciente, María Jesús Navarro, sufrió una lesión medular tras un accidente esquiando. Al principio tomaba pastillas y supositorios, pero le causaban efectos secundarios y su acción duraba horas, lo que le tenía atrapada en casa porque de repente en cualquier momento tenía que ir al baño, pero el irrigador le ha permitido superar esa situación.

Peter Christensen, del Hospital Universitario Aarhus, en Dinamarca y profesor de Cirugía de Suelo Pélvico, aboga por este nuevo dispositivo que mejora la función intestinal, aumenta la calidad de vida del paciente en relación a la sintomatología y ahorra recursos sanitarios.