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Entrevista al investigador Manuel Nieto Sampedro

"Existe esperanza real de que los lesionados medulares puedan andar"

Manuel Nieto Sampedro, doctor en Bioquímica por el Nacional Institute for Medical Research de Londres, alcanzó prestigio internacional cuando, en los años ochenta, afirmó que en el sistema nervioso central, en el cerebro y en la médula espinal había factores de crecimiento. Responsable del Departamento de Plasticidad Neuronal del Instituto de Neurobiología Ramón y Cajal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y autor de publicaciones pioneras, ha desarrollado su labor en prestigiosos centros internacionales, pero su huella ha quedado marcada en el alma de Parapléjicos.

En este hospital creó la Unidad de Investigación que no sólo ha propiciado avances científicos, sino que ha revolucionado la mentalidad de los lesionados medulares, quienes viven su situación con la esperanza “real, no religiosa”, de que, algún día, podrán andar. Lo afirma el doctor Nieto Sampedro, brillante, humilde, entusiasta y dotado de un sutil sentido del humor, “negro”, matiza. Y, ante todo, una autoridad mundial en el campo de la lesión medular, entrevista en "El Digital Castilla-La Mancha".

Leyendo su curriculum, una se queda impresionada. ¡Usted sabe mucho!

Puede ser impresionante, pero depende de para quién, porque seguro que a científicos como José María Salgado, no le impresiona. Un currículum impresionante sería haber puesto a andar a un parapléjico o haberle puesto a correr los cien metros lisos. ¡Eso hubiera sido para nota!

¿Eso se podrá hacer alguna vez?

Yo creo que sí. La idea de montar la Unidad de Investigación en Parapléjicos era esa, porque yo creía que se podría hacer. El que era gerente entonces, Miguel Ángel Carrasco, también lo creía, así que nos pusimos a tratar de investigar en todos los aspectos de la lesión medular para conseguirlo. Yo no lo podré hacer, pero lo hará alguna de las personas que están trabajando en este hospital.

¿Un investigador se pone fechas?

Es moderadamente tonto ponerse metas temporales. Te las pone la administración que te da ayudas por tres años. Y tú te pones a ello, pero, normalmente, en ese tiempo no lo acabas o tal vez haces más de lo que creías. Las metas temporales en investigación son un poco absurdas. La investigación tiene su velocidad que la marca en parte el investigador y en parte el problema.

Más de treinta años investigando. ¿Su campo de actuación ha sido siempre el mismo?

Me he centrado en problemas que atañen al ser humano. Por ejemplo, empecé con el modo de acción de los antibióticos. Entonces no se sabía bien cómo actuaba la penicilina. Soy bioquímico y a un bioquímico no le dejan investigar con seres humanos. A mí me gustaría investigar con algunos, sobre todo hacer alguna autopsia (ríe). Es broma, yo tengo un personal humor negro.

Pues, fíjese, que los científicos parece que son serios y parcos en palabras.

No he sabido nunca cómo es un científico. Toda la vida he sido como soy. Soy como te moldea la vida. Normalmente no hablo mucho, salvo cuando tengo algo que decir.

¿Cómo llegó al Hospital de Parapléjicos?

Yo pasé casi doce años en Estados Unidos, trabajando en plasticidad neuronal y estaba interesado en reparación de lesiones de la médula espinal. Y el sitio donde se hacía eso en España era Toledo. Contacté con los gerentes sucesivos de este hospital pero no estaban muy interesados en investigación. En aquella época este hospital era más bien un aparcamiento de parapléjicos, donde la lesión medular, al que le ha tocado, le ha tocado. Se trataba de hacerles vivir con los que les quedaba, rehabilitarles para que hicieran lo que pudieran. En ese empeño, el hospital era excelente, pero no hacía investigación y la visión era muy pesimista, daba un futuro negro para alguien que tiene lesión medular.

¿Cuándo cambió esa filosofía?

Cuando llegó a la gerencia el doctor Carrasco trajo un nuevo aire a este hospital. Me llamó y me preguntó “¿crees que se puede curar la lesión medular?” “Yo sí, creo”, le dije, y le pregunté “¿tú crees que se puede?” Y me contestó “depende de lo que los investigadores creáis”. Me propuso venir aquí y montamos primero un laboratorio, al que mandé a la mitad de los postdoctorales y del equipo que tenía en Madrid.

El hospital, en un tiempo muy corto, adaptó un lugar que había en el sótano, siniestro, y lo convirtió en un laboratorio, en un sitio brillante. Empezó una etapa muy bonita. El hospital, aparentemente, tenía dinero y el doctor Carrasco me planteaba contratar a más investigadores. Reclutamos a los mejores que había disponible en España, en Italia y también en Inglaterra. Los que se dejaban, claro. La idea es que fuera gente buena, que tuviera las ideas claras y que fuera joven, pero ya formada.

Dinero para investigación. Eso suena casi a utopía, doctor Nieto. ¿En qué año fue aquello?

A principios de la década de 2000. Me dijo el doctor Carrasco: “tenemos un millón de euros para gastar”. Siempre pensé que Castilla-La Mancha era una tierra pobre. Yo le decía: “la investigación para mí siempre ha sido cuesta arriba y para conseguir algo de dinero había que sufrir, que escribir… Esta es la primera vez en mi vida que es cuesta abajo”. Hice un esfuerzo considerable y conseguí gastarme 30.000. Y no se me ocurría nada más.

Pero a la gente joven que habíamos reclutado se le ocurrió inmediatamente muchísimas cosas. Y antes de llegar Navidad, que era la fecha tope, se habían gastado el millón y un poquito más. Con ese dinero se equipó la Unidad de Investigación. Hasta ahora. Está muy bien equipada, aunque, como no se ha renovado, está ya un pelín añeja. Lo único que nos hace falta es movernos al edificio nuevo de una vez.

¿Le han dado fechas para ese traslado?

El edificio iba a estar acabado antes y me iban a quedar seis años a mí antes de jubilarme para ponerles firmes a todos y a trabajar en algo coherente hacia su fin, cosa que no he podido hacer. El edificio está ahí, pero no hay ni siquiera mesas de trabajo. No había dinero. Tú tienes un laboratorio grande, precioso, pero vacío. Hace tiempo que se acabó el edificio. Los médicos se han trasladado, los investigadores, no.

¿Reivindica usted que se cumpla ese compromiso?

No reivindico nada. Yo estoy jubilado ya. Cuando tienes 70 años ya no reivindicas nada, deseas cosas, pero no tienes mucha esperanza de que ocurran cuando tú lo dices , porque ya no tengo ninguna esperanza en tener influencia.

El presupuesto de Castilla-La Mancha es el que es, los problemas son los que son y que se dedique una parte pequeñita del presupuesto a amueblar el centro de investigación de Parapléjicos es una arrogancia. Yo pediría que, por favor, lo hagan. Que consideren que este centro de investigación es el más importante y el más productivo de Castilla-La Mancha. 

¿Qué ocurre cuándo un investigador da con algo maravilloso?

Caminas, caminas y de repente ¡Aggg! Eso ocurre de vez en cuando, que encuentras algo y eso te alegra la vida. Pero no te das cuenta de las implicaciones que tiene. Y a veces tiene muchas más de las que tú te crees. Me alegré mucho de encontrar los factores de crecimiento, porque con ello se podía ayudar a que crecieran los trasplantes. En un momento dado fueron muy novedosos porque en el cerebro sólo se conocía un factor de crecimiento y ahora hay 50 o 60.

Otra cosa que creo que ha sido importante fue el descubrimiento de la presencia en el cerebro de citoquinas, interleukina uno y dos. Hasta entonces el sistema nervioso se consideraba incomunicado con el resto del cuerpo. Pero no es verdad. El sistema nervioso tiene que responder a infecciones, a relación de unas células con otras y relación con el cuerpo en general. Y esto lo hace mediante las interlukinas. Estas dos han dado origen a veinte o veintitrés que se han encontrado en el cerebro.

Usted fue pionero en algo tan asombroso y complicado para los simples mortales como el trasplante de glía envolvente del bulbo olfativo tras la lesión de médula espinal. ¿En qué se traduce?

Un histólogo inglés contó que existía y se olvidó de ello. Con el trasplante, lo que hicimos fue poner envolvente en la médula. Esta glía envolvente produce señales para los nervios raquídeos que les conducen a las fibras sensoriales. Así se consigue que entren las raíces que no entrarían de otra forma en la médula y regeneran y restituyen el movimiento de las patas de las ratas. Yo querría hacerlo con personas, pero cuesta muy caro y es una operación experimental.

¿Qué ha cambiado para los lesionados medulares en las últimas décadas? 

Con la creación de la Unidad de Investigación, ha cambiado el espíritu. El hospital es un sitio donde hay esperanza. Ha cambiado la forma de ver y abordar la lesión medular. Tú por ser un lesionado medular no eres alguien condenado a la silla de ruedas. Eres alguien que estás esperando. Esa esperanza te da vida y optimismo, te hace la cosa menos terrible. De decir “estoy para quedarme aquí” a decir “aquí estoy una temporada hasta que encuentre cómo arreglarme”. Y eso posible, no es sencillo. Lo de los lesionados medulares es una esperanza, pero no religiosa. Es una esperanza educada, porque los avances se hacen.

¿Para todos?

La lesión, depende de la que tengas, va a ser más o menos difícil y va a requerir intervenciones específicas. Ha empezado el primer lesionado medular a andar en Londres, pero se trata de una lesión especial. Le pegaron un tajo con una navaja, es una lesión limpia, que sólo implica un segmento de la médula. Es mucho menor que las que tienen los lesionados aquí, que son accidentes de coche o laborales, que afectan a varios segmentos y tienen más problemas.

En las investigaciones que exponían los científicos en el aniversario del Hospital había cosas muy novedosas que pueden ser importantes en el futuro. A mí me llamo la atención lo que hacía Jorge Collazos: incorporar componentes cibernéticos, que no son nativos al sistema nervioso, en el sistema nervioso y utilizarlos para reparar lesiones.

Los recortes han incidido en la investigación. ¿En qué se va a traducir en el futuro?  

La investigación normalmente sufre la crisis porque ningún gobierno parece entender que no es dinero tirado. Es productividad futura. Investigación en neurobiología son avances médicos, inversión en curar. Investigación en física puede ser inversión en producir coches. La investigación no se puede hacer a corto plazo, no se hace para cuatro años, por eso requeriría pactos de Estado entre todos los grupos políticos.

Hay que tener una perspectiva de veinte o treinta años. Eso se hace en Alemania o en Estados Unidos. En España no se ha aprendido que hay que hacerlo. Estamos hartos ya de que el dinero que podíamos dedicar a cosas más interesantes se lo embolsen algunos cacos.

¿Un investigador se puede hacer rico?

Según. Por ejemplo, Bill Gates sí es rico. En España, un investigador lo que puede aspirar es a sobrevivir bien, sin tener que ir al auxilio social (ríe). Yo he vivido de la investigación bien, como vive un trabajador, pero de rico nada.

¿Qué consejo le daría a un joven que quiera dedicarse a esto? ¿Le animaría?

Por supuesto que les animaría, pero también les diría claramente que si lo que quiere es ganar dinero, éste no es el sitio. Muchos volvimos en la época de bonanza, porque creímos que esta vez, sí. Pero hay mucha gente buena que todavía está fuera y mucha gente buena que se está volviendo a ir.

¿Qué decir de esto? Formar a un licenciado, a pesar de que ahora se paga en la Universidad más que antes, todavía le cuesta mucho dinero al Estado. Y a un investigador, todavía más. Se está tirando dinero como si fuéramos muy ricos, porque en Estados Unidos o Alemania, los investigadores españoles son muy bienvenidos porque son bastante buenos y no han tenido que pagar nada por ellos. Les dan un contratillo que no es tampoco nada del otro mundo.

¿Se puede presumir del Hospital de Parapléjicos?

Yo lo haría, si fuera manchego. Este hospital hace cosas que ha hecho siempre muy bien, que es rehabilitación. Ahora hemos visto que la rehabilitación es buena porque estimula el sistema nervioso a hacer cosas mejor de las que hacía. Y este hospital será bueno en investigación. Va a ser un centro de excelencia bastante completo. Cuando sólo tenía un laboratorio aquí, vino de visita una ministra de Educación de Suecia. Preguntó que se estaba haciendo aquí y le dije "éste es el futuro Karolinska de Castilla-La Mancha". Es un centro sueco enorme, disciplinar. Ahora se puede decir, en serio, que este centro es el Karolinska de Castilla-La Mancha y no me extrañaría que aquí hiciéramos algo más creativo, porque me dio la impresión de que los que trabajaban allí eran gente que no inventaba la rueda. Los latinos creo que somos más creativos, más entusiastas.

¿Qué vinculación mantiene con el hospital ahora, ya jubilado?

Nunca he tenido ninguna vinculación con el hospital, nunca me han pagado nada. Nadie. El CSIC nunca me ha puesto ninguna traba a que viniese, pero tampoco me ha estimulado. Tengo cariño a lo que puede ser, a la investigación que se puede hacer. Es como un hijo que crece, un proyecto que le vas viendo desarrollarse y piensas que si tuvieras el hijo más a mano podrías guiar mejor su desarrollo. Como no estás, ves que hay problemas, que las cosas no se hacen como tú las harías. Pero bueno, ya se harán mayores. Me gusta venir todas las semanas. Tengo alguna persona con la que colaboro y escribimos o corregimos algún trabajo para enviar. Y vengo a comer con mi hijo, que también es investigador aquí.