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icono de mas deporte Más deporte El tenista cordobés sueña con Tokio 2020 tras la paraplejia que le llevó a empezar a jugar en silla de ruedas hace sólo 6 meses

El reto de superación de Cisco García

Esta vida gira cuando uno menos se puede imaginar. Eso fue lo que le pasó a Francisco García, Cisco para los amigos, cuando el 28 de diciembre de 2015, en Austria, caía de espaldas tras recorrer diez metros por el aire haciendo snowboard, una de sus dos pasiones deportivas junto al tenis. Un deporte, el de la raqueta, que se ha convertido en el nuevo motor de su vida, porque aquella caída, aquel accidente, le dejó parapléjico. Ésta es la historia de superación de un deportista popular de 35 años, cuyo objetivo ahora es ser profesional, ya como deportista discapacitado, con el reto más enorme que se pueda imaginar: estar en Tokio 2020, en sus Juegos Paralímpicos.

De aquel día que le cambió su vida dice que incluso hasta tuvo "suerte", porque "pude caer de cuello y la situación sería otra". De cualquier forma le "cambió todo", asume Cisco. "De descender las montañas a no poder moverme. De correr a por las bolas, a no poder ni vestirme solo. De vencedor a vencido. Fue un golpe perfecto del destino, quitarme todo en un segundo y dejarme tendido en la lona. Pero se le olvidó quitarme algo, los sueños y la rabia. Se le olvidó que yo no bajo los brazos y que tengo detrás un ejército de gente que me apoya, sin sentir miedo ni un segundo". Unas palabras que ha plasmado en su carta de presentación como el deportista de elite al que aspira a convertirse.

"No nos educaron para ser cobardes. Así que el destino ya puede correr, porque no voy a parar de remar y mi ejercito conmigo, aunque se les caigan los brazos. Y hasta que alcancemos la meta. Y la meta es jugar unas Paralimpiadas, Tokio 2020, y para ello entreno tres horas diarias, seis días a la semana. Para ello pienso estar viajando a torneos, encarando la soledad, las derrotas y el dolor. Porque los sueños y la rabia están intactos", subrayó.

El reto a medio plazo no es sencillo, aún menos cuando eres el 495 del ránking mundial y su andadura en el mundo en el tenis en silla de ruedas se reduce a los últimos seis meses. Pero Cisco rebosa ilusión, de ahí que parezca tener grabado a fuego una frase de cabecera: "Nos vemos en Tokio 2020 y a punto de andar, porque si eres libre no existen los imposibles".

De momento ese ejército del que habla no para de crecer en los últimos diez días. Después de que Open Arena fuera el primero en abrirle su puertas para entrenar, tanto en la pista como el gimnasio, las adhesiones no cesan. La marca de ropa Silbón no dudó en mostrar su apoyo por sentirse muy vinculado a su deporte, no en vano su logo son dos raquetas de tenis cruzadas. RAG, Mediadores de Seguros es la penúltima empresa cordobesa, porque no será la última, en subirse a su carro.

Precisamente hoy Cisco rubricaba el acuerdo de patrocinio con la compañía de seguros de Rafael Aguilar Gaitán (RAG), que de entrada le servirá de buena ayuda con la cobertura de un viaje que supondrá su primera experiencia internacional fuera de Europa. El tenista cordobés afrontará del 14 al 24 de febrero tres torneos ITF Futures Series en Sri Lanka.

"Sería un éxito pasar una ronda o, de no conseguirlo, avanzar en el cuadro de consolación. Hablamos de un mundo muy profesionalizado", describe. De hecho el tenis en silla de ruedas "es de los pocos deportes que no pertenece a una Asociación de discapacitados, sino que lo rige la Real Federación Española de Tenis y la propia ITF. De ahí que cada mes se disputen unos diez torneos para discapacitados por todo el mundo, entre las cinco categorías existentes, que van desde los Futures Series, en los que se inicia el cordobés, pasando por los ITTF de Tercera, Segunda, Primera y los Superseries, hasta llegar a los Grand Slam que sólo los juegan los ocho mejores del mundo.

La idea es rankearse, para lo que necesita sumar puntos y posicionarse primero a nivel nacional más allá de ser actualmente el número uno andaluz. Cisco ocupa el puesto 21 en España y su primer gran reto es "estar entre los ocho primeros en octubre para poder jugar el Máster nacional de Barcelona". Luego, acabar el año "entre los doscientos primeros del mundo, avanzando cerca de trescientos puestos, lo que estaría bien".

"No es lo mismo entrenar que competir y tengo ganas de probarme a nivel internacional", apostilló un Cisco que recordó que en 2016 se inició "con tres torneos que los jugué un poco a lo loco", confiesa. "Pegaba y no volvía, cuando en el tenis en silla de ruedas tenemos dos botes y hay que jugar dos metros por la línea de fondo", explica. De manera que esos primeros pasos en su nuevo mundo le sirvieron para "aprender a moverme y coger fundamentos".

"La derecha y el saque son mis puntos fuertes, mientras que el revés es lo que más me costaba porque antes lo hacía a dos manos", apunta Cisco sobre su juego, al tiempo que echa una mirada al pasado. "Te tienes que reconstruir, porque es muy desproporcionado que esto te pase de un día a otro. Pasas de andar a que te tengan que vestir. Tienes que resetear la mente y no pensar en el pasado porque los recuerdos te matan. Sólo hay que mirar el presente".

Todo empezó en Toledo, con la Fundación Emilio Sánchez Vicario

Para llegar hasta el momento actual pasaron meses de dura lucha. Cisco comenzó a mostrar su afán de superación en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, donde se montó por primera vez en una silla de ruedas para jugar al tenis, en la Fundación Emilio Sánchez Vicario. Los progresos fueron tales que "salí de allí en cuatro meses, dos meses antes de los seis habituales".

"Empecé a jugar dos tardes a la semana, como ejercicio de rehabilitación con gente que nunca antes había jugado al tenis. Lo hacía para disfrutar porque al principio no lo ves, pero luego te das cuenta de que hay nivel", apunta, recordando que para ello había que contar con una silla especial al margen de la diaria, valorada en unos 3.000 euros.

Con todo, al margen del deporte, había que reintegrarse en la sociedad, porque aunque en Toledo "me enseñaron a ser autónomo, luego había que hacer vida en la calle". Es decir, "aprender a subir bordillos, superar barreras arquitectónicas y aprender a vivir con la mirada de la gente, porque pareces un bicho raro para muchos". Además la rehabilitación es continua para "mantener las piernas sanas", por lo que "los estiramiento de aductores, rodilla y tobillo son claves, por lo que mi día a día es todo brazos". Eso sí, "la ciencia avanza y la esperanza siempre existe con los últimos avances en los estudios de médula".

Cisco recuerda que tras salir del hospital de Toledo en mayo, un mes después ya consiguió su primera silla de ruedas y "a mediados de agosto me fui a Japón". "Allí el tenis en silla es importante y con el referente de Tokio 2020 aún más", comentó, de ahí que aquello "me hizo volverme loco por el tenis, al que echaba de menos y me planteé este bonito reto".

"Ahora comienza mi momento fuerte, pasar rondas en torneos y arañar puntos", apunta, porque no en vano para ir a unos Juegos Paralímpicos hay que estar entre los tres mejores de España y que éstos entre los cuarenta primeros del ránking mundial. Son palabras mayores, pero Cisco cree en ello y no lo ve tan lejos tras jugar hace unas semanas con el madrileño Daniel Caverzaschi, número uno español y quince del mundo.

Para alcanzar esa meta cualquier día puedes ver a Cisco en Open Arena bajo la tutela de sus entrenadores Javier Martínez y la rumana Alina Stroiu, o en el Aeroclub jugando con cualquier amigo, que mañana puedes ser tú porque Cisco busca sparrings que le den caña. Todo por alcanzar un sueño: Tokio 2020.