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La historia de Guillermo González Gilbey

El apóstol de Guttmann

Recientemente el Instituto Guttmann, un centro pionero especializado en neurorrehabilitación de Barcelona, celebraba el 50 aniversario de su creación, pero muchos desconocen que la existencia de este centro fue posible gracias primero a una circunstancia trágica, pero también al esfuerzo y tenacidad de un jerezano nacido en Inglaterra, Guillermo González Gilbey (1926-1987), hijo de Ricardo González Gordon y su prima hermana Mercedes Gilbey Gordon, inglesa a la que todos llamaban 'Queenie' (reinecita).

Como era tradición entonces en González Byass cada hijo asumía la representación de la bodega en una zona de España y Ricardo González se encargó hasta su fallecimiento de la zona Norte, que tenía la sede en Barcelona. Su hijo Guillermo heredó con el tiempo la misma responsabilidad y allí en Barcelona conoció a su mujer, María Antonia Riviere.

En 1958, cuando apenas llevaban tres años casados, con dos hijas y otra en camino, Willie, como era conocido, sufre un grave accidente de tráfico. El coche en el que viajaba choca contra un carro sin luces. Era el 3 de septiembre y tenía 31 años. Su hija Mariana, la más pequeña de las tres, comenta que en el coche iban cuatro personas y aunque en un principio parecía que su padre era el que salió mejor parado, finalmente se comprobó la contrario. Willie sufrió una fractura cervical, con lesión medular irreversible que le dejó tetrapléjico.

A partir de ahí -coinciden tanto su hija Mariana como su viuda -hay que retrotraerse a la España de aquellos años. "Realmente no se conocía en el país ningún tratamiento para las lesiones medulares. Ingresó en una clínica de un amigo suyo. Fue un momento muy dramático para la familia. Lo operaron para fijar las vértebras a la altura de la lesión cervical y fue peor porque el único movimiento que podía hacer hasta entonces, que era girar la cabeza, tampoco pudo hacerlo".

Willie, al que su familia describe como un hombre con una personalidad arrolladora y un gran sentido del humor, sufrió en pocas semanas una serie de complicaciones médicas derivadas de la inmovilidad. Su estado era crítico. Su familia inglesa les habló entonces de la existencia de un centro especializado para tetrapléjicos en Stoke Mandeville, cerca de Londres, un hospital donde el doctor Ludwig Guttmann llevaba varios años poniendo en práctica una serie de terapias para el tratamiento y rehabilitación de personas con lesiones medulares.

Después de las Navidades de aquel 1958, un avión trasladaba a Willie y a María Antonia a Inglaterra. Ni tan siquiera en esa situación, prácticamente moribundo -dice Mariana- su padre perdió su sentido del humor. "Hay una anécdota de cuando llegaron a Inglaterra en medio de una tormenta de nieve que les obligó a cambiar de aeropuerto. Allí le esperaban cinco coches con sus familiares ingleses. Debieron llegar sobre las dos de la madrugada al hospital y le llevaron a una habitación. Estaba acostado boca abajo porque tenía llagas y no podía ni girar la cabeza. Cuando los médicos fueron a verle, entre ellos el doctor Guttmann, uno de ellos le preguntó: "¿Es usted el español que llegó aquí con cinco coches y cuarenta parientes a las dos de la madrugada? Y mi padre en un inglés perfecto le contestó: parientes solo eran dos, los demás eran toreros".

Cuenta su hija, que desde el primer momento surgió una simpatía y posterior amistad entre el doctor Guttmann y Guillermo González y hubo tiempo, porque en el hospital de Stoke Mandeville permaneció durante todo un año. Siempre a su lado María Antonia, que en abril de 1959 dio a luz a Mariana en Inglaterra. "El doctor Guttmann le salvó la vida, porque cuando llegó allí estaba muy mal y después de un año pudo retomar su trabajo y una vida bastante normal dentro de lo que cabe. Él decía: yo he tenido esta suerte, pero qué pasa con todos los tetrapléjicos que hay en España y cuando nos veníamos para aquí, el doctor le dijo que él podía ser su apóstol en España", rememora su viuda.

Levantar un centro dedicado al tratamiento y rehabilitación integral de pacientes con lesiones medulares, el primero en España, no fue sencillo. "Le costó bastante trabajo y esfuerzo" dice María Antonia. Su hija relata que cuando llegó Barcelona, se puso a buscar dinero, ayudas de amigos, aportaciones de todo tipo. "Hubo amigos aquí de Barcelona que se presentaron incluso a un concurso televisivo para conseguir dinero". Todo aquello dio sus frutos: Willie había vuelto de Inglaterra en el 59 y el hospital ya estaba en marcha en el 65, un gran esfuerzo en muy poco tiempo. El centro se inauguró el 27 de noviembre de aquel año, con el nombre de Instituto Guttmann, en honor al doctor Guttmann, quien se implicó siempre en el proyecto. "Vino muchas veces a España y se quedaba en nuestra casa en Barcelona. Le cogió mucho cariño a mi marido, porque era un paciente especial, con una simpatía enorme".

El Instituto Guttmann se ubicó al principio en el antiguo hospital de la Magdalena, cedido por el Estado para este fin. Situado en el barrio de La Sagrera, estaba en aquel momento en desuso, aunque en la inauguración sólo se pudo disponer de una de las plantas. Las dos restantes seguían ocupadas por familias que habían perdido todo en las inundaciones del Vallés de 1962.

Según el Patronato de la Fundación Instituto Guttmann, Willie también colaboró en la búsqueda de viviendas para las familias damnificadas, con el fin de poder contar con todo el hospital. En 2002 el Instituto Guttmann se trasladó a su nueva sede de Badalona, un edificio de más de 20.000 metros cuadrados, "diseñado y equipado especialmente para su función".

Cientos de personas han pasado desde su apertura por el hospital, pero curiosamente hubo que buscar a los primeros pacientes, porque éstos no llegaban. "Los tetrapléjcos en España se morían o no salían de sus casas y tuvimos que ir a buscarlos. Alguien le decía a mi marido: mira, conozco a un chico que lleva diez años en la cama, que vive en un quinto piso y no ha podido salir nunca y allí íbamos a buscarlo. Y ahora es maravilloso todo lo que hacen, tratamientos especiales para estas personas", afirma María Antonia.

Tanto se implicó Guillermo en el proyecto que creo el primer equipo de tiro con arco formado por personas con lesiones medulares y todo ello porque durante su estancia en Stoke Mandeville conoció los juegos internacionales que organizaba el doctor Guttmann para lesionados medulares, convencido de los beneficios del deporte para estas personas no sólo como terapia de rehabilitación sino también a nivel competitivo, como pasaporte a una integración social real. Allí volvió Guillermo años después con su equipo para participar en unas competiciones que fueron el embrión de los Juegos Paralímpicos.

"Tío Willie -comenta su sobrino Miguel Rebuelta- nunca perdió su carácter afable y su simpatía. Yo le recuerdo cuando venía a Jerez y éramos pequeños, siempre estaba organizando cosas y tenía un espíritu estupendo". Su hija Mariana coincide en que su padre era una persona que no pasaba desapercibida. "Entraba en un sitio, con su silla de ruedas y llamaba la atención, cuando venían mis amigas del colegio a casa, al principio les imponía, verle en la silla de ruedas, pero enseguida les decía algo y se morían de risa". Su viuda asegura que el trágico accidente no alteró su carácter.

"Era una persona muy optimista, alegre, muy guapo y simpático. Como le había pasado eso, intentaba que otros también tuvieran esa oportunidad. Cuando estuvimos en Inglaterra había muchos pacientes con lo mismo, y tengo que decir que yo recuerdo que todos tenían buen carácter, buen humor, se reían de las cosas. Claro, cuando ocurre, al principio lloras, pero por eso es bueno la existencia de centros de estas características, porque allí están con más gente en la misma situación, y eso ayuda, aunque nunca se recupere la movilidad. Nosotros llegamos a llevar una vida normal".

Guillermo González Gilbey falleció en julio de 1987 en Barcelona, cuando tenía 60 años. Reportaje publicado por "El diario de Jerez".