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El autor del texto y las imágenes nos relata cómo es vivir como usuario de silla de ruedas

Preguntas que nunca te atreviste a hacer a un usuario de silla de ruedas

Aquel verano de hace diez años, mientras trepaba un árbol, no me paré a pensar que todo lo que sube rápidamente puede bajar incluso más deprisa. Perdí para siempre parte de mi confianza en la naturaleza cuando se rompió la rama en la que estaba apoyado creyendo que soportaría mi peso. Aquel accidente de 2005 me provocó una parálisis parcial.

Se podría pensar que para estar en una silla de ruedas hay que padecer paraplejia, pero hay muchas otras dolencias que pueden dejarte en una, como la esclerosis múltiple (EM) o el párkinson.

La paraplejia completa implica un pérdida total de la sensibilidad y del control de los miembros por debajo de las vértebras afectadas. En mi caso, tenía la médula espinal lesionada a la altura de la cuarta vértebra torácica, que estaba hecha añicos. Después del accidente tuve que pasar cuatro meses hospitalizado y cinco en rehabilitación.

Si tienes suerte, puedes recuperar algo de sensibilidad después de un par o tres de meses, pero es un proceso muy lento. Mientras tanto, tu espacio se ve limitado al entorno protegido de una clínica de rehabilitación, en el que intentas controlar tu autocompasión mientras aprendes a moverte en silla de ruedas, a vestirte sin levantarte, a meterte en la cama, a ir al lavabo o a subir un tramo de escaleras...

Un montón de cosas que nunca antes habías perdido el tiempo pensando cómo hacer. Mi madre no pudo contener el llanto cuando conseguí ponerme en pie con algo de ayuda, tres o cuatro meses después del accidente. Yo lloré cuando volví a ser capaz de mantener relaciones sexuales, más o menos al mismo tiempo.

Pero la verdadera rehabilitación empieza cuando sales de rehabilitación.

Normalmente, la gente que me acaba de conocer no me pregunta qué me ha pasado. Si lo hace, es cuando hay más confianza. Obviamente, nadie lo pregunta por no hacerme sentir incómodo. Pero yo tampoco quiero que nadie se sienta incómodo, por lo que sería más fácil si la gente me lo preguntara desde el principio. A continuación les presento una lista de preguntas que o bien me hacen demasiado seguido o muy pocas veces.

Preguntas que me hacen con demasiada frecuencia y frases que no me gusta oír

'Hay una señora mayor que vive más abajo y que también está en silla de ruedas. Supongo que la conoces, ¿no?'.

'¿Alguna vez has pensado en tunear la silla y ponerle un motor?'.

'Este chamán dice que puedes activar tus poderes de autocuración mediante la meditación. Y con fe. ¿Crees en eso?'.

'Si pusieras dos motores de propulsión en la silla, podrías...'.

'Apuesto lo que sea a que podrías caminar perfectamente si tomas MDMA'.

Preguntas y frases que no oigo tanto como quisiera

'¿Me dejas probar la silla?'.

'¿Puedes tener relaciones sexuales?'.

'¿Quieres que te traiga algo del bar?'.

'Exactamente, ¿qué disfunción tienes?'.

'¿En mi casa o en la tuya?'.

Algunas respuestas a las preguntas más frecuentes

El principal tópico es que el sexo es complicado, aunque a la gente parece que le da muchísimo reparo hablar del tema. Me hacen preguntas de lo más estúpidas, mientras que nadie me plantea las verdaderamente importantes. Yo las respondería encantado, pero quien pregunte tiene que ser capaz de valorar las circunstancias correctamente.

Por ejemplo, está muy mal interrumpir una conversación sólo porque ardes en deseos de preguntar a una persona en silla de ruedas qué le pasó. Algunos pendejos incluso me han llegado a felicitar: "No mames, qué valor tienes saliendo con silla de ruedas... Si yo estuviera en tu lugar, me encerraría en casa". Es solamente un ejemplo de lo que he tenido que oír...   Artículo de Jasper Reichardt, publicado en "Vice".