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José Manuel “tenía todos los boletos” para sufrir un accidente

“Iba rápido, sin cinturón y había bebido”

Recuerdael ruido, las vueltas de campana, las caras de los familiares que “lo decían todo” asomadas a la “ventanita” de la UVI... “Yo las veía y pensaba: Me voy a morir o algo”. José Manuel González sobrevivió al accidente, pero sufrió una lesión medular que lo sentó a los 24 años en una silla de ruedas. Podría haber sido peor. Se podría “haber llevado por delante a una familia que viniese tranquilamente por el otro lado por ir a tanta velocidad y en malas condiciones”.

Porque José Manuel aquella noche “tenía todos los boletos para el gordo”. “Iba bastante rápido, sin cinto y había bebido algún cubata. Pasó lo que tenía que pasar”, dice ahora que cuenta su historia en colegios e institutos para intentar evitar que otros la repitan, informa el diario "Deia".

Han pasado ya veinte años, pero José Manuel se acuerda de aquel último día de vacaciones en el pueblo de su madre, en Valladolid, como si fuera “anteayer”. Había estado con la cuadrilla en un bar, se fue a casa a cenar y se dio cuenta de que se había olvidado la chamarra. Su padre le dejó el coche para ir a buscarla. Le pidió que en una hora estuviera de vuelta. Al día siguiente regresaban a Bilbao. Pero en el bar había un “amiguete” y a veinte kilómetros, fiestas. “Me insistió para que fuéramos un rato al pueblo de al lado, que era el último día, que tal... Y al final me convenció”. José Manuel se dijo que volvería pronto, pero fue apostarse en la barra de una discoteca y su propósito se diluyó entre hielos. “Justo había unas amigas de camareras, venga a invitarnos, bebimos unos cubatas, casi hasta se me olvidó que tenía que volver”. Por fin reparó en la hora. Era tarde. “Vámonos, que mi padre me...”.

Era una recta larga, entre viñedos, rematada por una curva. “Al ir rápido, el coche se fue, no lo pude controlar y nos dimos contra un murito. Cogimos vuelo y dimos vueltas por el aire hasta que el coche paró. Yo salí despedido. Aparecí en el suelo, había gente y yo les decía que me habían tumbado encima de alguna piedra, pero metieron la mano debajo de la espalda y allí no había nada. Era la avería que me había hecho en la columna. Lesión medular. En silla de ruedas para siempre”.

Tras pasar unos días en la UVI intuyendo que algo no iba bien, le trasladaron a planta y un médico, “bastante bruto”, le soltó a bocajarro el diagnóstico. “Me dijo que me había machacado la médula y que no iba a volver a andar”. José Manuel creyó entonces que aquello era una “pesadilla”. Más tarde que había que darle tiempo al tiempo. “Pero ya cuando pasan tres meses, dices: Pues este hombre va a tener razón, que esto ya es así para siempre”.

En el hospital de Toledo, especializado en lesionados medulares, se dio cuenta de que, pese al mazazo, su caso no era de los más graves. “A mi compañero hasta le tenía que rascar. Como para andarme yo quejando. Había otro que quedó tetrapléjico y la mujer y el hijo pequeño muertos por unos tíos que igual venían de fiesta a la mañana conduciendo todo drogados. No se matan ellos. Matan a otros que no tienen culpa de nada”, censura.

Dado su carácter “feliciano”, José Manuel no se entretuvo en lamentaciones. “Más que nada por los padres. No es lo mismo que te vean depresivo y protestando que intentando adaptarte a la silla y hacer lo que sea. Yo allí tuve que dejar de hablar a amigos que estaban todo el día diciendo: Yo prefería haberme muerto”.

Sincero, este vecino de Getxo reconoce que, antes de sufrir este fatal accidente, “cuando no había tantos controles”, ya había conducido habiendo ingerido alcohol en alguna otra ocasión, aunque no era de los que “iban derrapando y haciendo el tonto”. Ahora que tiene medio cuerpo inmóvil y a las posibles víctimas inocentes en cuenta trata de frenar a quienes aún no están concienciados. “A un amiguete, que es más joven y ya ha roto un coche, le digo: Yo solo rompí un coche y la columna también, así que ya puedes espabilar, que las cosas pasan y luego ya no hay solución”.

Convencido de que “de joven no ves el peligro” y se tiene “más miedo a que te quiten el carné o a la multa” que a las posibles secuelas, José Manuel explica a los adolescentes cómo evitar lesiones medulares poniéndose el casco o el cinturón. “A las chicas les impacta más. A ellos los veo más lanzados. Dices: Estos son los que pueden liarla”