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Voluntarios del Institut Gutmann afectados por lesión medular alertan a los jóvenes del peligro de las drogas y el alcohol al volante

Motor de conciencias

El escenario, el espectáculo de motociclismo Dirt Track en el Palau Sant Jordi. Los protagonistas, los auténticos, los voluntarios del Institut Guttmann con lesión medular por accidente de tráfico y jóvenes de Cruz Roja que auxilian en los siniestros.

El objetivo, hacer de motor de conciencias y repartir folletos para alertar a la gente de los terribles efectos de conducir bajo los efectos de las drogas y el alcohol, informa "El Periódico de Cataluña"

Mario Ribera, de 39 años, entrega un tríptico a cada uno de los asistentes que entran en el Sant Jordi para ver las acrobacias de las motos. Sufrió un percance el 15 de enero de hace cuatrp años. Volvía de un viaje y cree que sufríó un desmayo. Los recuerdos de media hora antes del accidente y los de un mes después, los tiene atrapados en una nebulosa y las piernas aferradas a una silla de ruedas. Seis meses después nació su hija. "Se quebró lo que soñaba hacer con ella. No puedo jugar en la playa, ni correr. Eso es lo que más siento", explica. Sin embargo, Mario ve la vida por su arista más brillante: "Ahora tengo más tiempo libre, ya que no trabajo. Cobro una pensión porque en el momento del accidente tenía un empleo".

EL EFECTO SUPERMAN

La iniciativa de repartir octavillas informativas se enmarca en la campaña 'Et queda una vida, no la perdis', con la que la Fundació Abertis pretende fomentar la conducción responsable. Georgina Flamme, responsable de la fundación, afirma que con estas medidas se trata de sensibilizar a los jóvenes y "recordarles que el efecto Superman no existe. Todos estamos expuestos a los accidentes".

La voluntaria Mireia Sanz insiste "los jóvenes tienen execo de confianza y creen que a ellos no les puede pasar". Ella intenta despertar las conciencias y explicar su accidente cuando iba de paquete en una moto. Flamme recuerda que no solo las drogas y el alcohol causan efectos devastadores en la vida de los jóvenes, "también el móvil", apunta. Y aporta un dato, los jóvenes se conectan 235 veces al día.

Joaquim Herrera, de 37 años, también reparte folletos a los espectadores del Palau Sant Jordi. Es un voluntario de Game Over, un programa de prevención de accidentes, y da charlas en colegios e institutos. "A los chavales lo que más les preocupa son las multas, pero cuando les explico mi caso entonces ya es otra cosa", aclara.

Su caso es similar a los de la mayoría de jóvenes accidentados, pero no por eso, menos sobrecogedor. "Habíamos bebido y chocamos contra el muro de hormigón de la autopista. Iba en el asiento de detrás y no llevaba cinturón. Desde entonces soy tetrapléjico. En noviembre hizo 5 años", afirma. Sus otros tres amigos "ni siquiera estuvieron ingresados". Él estuvo dos meses ingresado en el hospital y 13 más en el Institut Guttmann, que es donde le enseñaron a desenvolverse en su día a día. Los recuerdos del accidente los tiene vivísimos "paso cada día por el lugar donde sucedió", lamenta.