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Le dijeron que bucear le sería imposible, pero lo hace entre barreras de coral

La silla acuática de Sue

Ni el mar ni el cielo tienen «límites», sino infinitas «posibilidades». Y una de ellas es la de «volar» en silla de ruedas, trazando bucles o dibujando giros de 360 grados, con las manos libres como si fueran alas y la melena a merced del agua, moviéndose como una anémona entre medusas y corales.

La británica Sue Austin ha logrado lo que parecía imposible: convertir la silla de ruedas en una extensión de sí misma, metáfora de la libertad en estado líquido. La gente común no sólo se olvida de su discapacidad, sino que aspira a poder imitarla y sentir algún día «esa experiencia extática», contemplada en vídeo por más de 100 millones de curiosos...

Sue pudo caminar con su propio pie hasta los 27 años. Entonces, una enfermedad degenerativa del sistema nervioso la dejó casi inmóvil de cintura para abajo. Lo que hace dos décadas vivió casi como una condena, ahora le parece más bien «un regalo que me ha servido para descubrir sensaciones maravillosas». Como artista, empezó a usar la silla de ruedas como pincel, llenando de laberínticas líneas blancas las calles y avenidas de Plymouth.

En el 2005, cuando aprendió a bucear, se imaginó a sí misma surcando las profundidades marinas con la libertad de movimientos de una trapecista o una sirena. Le habían dicho que era «técnicamente imposible». Que no se podía construir una silla de ruedas eléctrica y con aletas. Y menos con un sistema de propulsión activado con la parte superior de las piernas, donde aún tiene cierta movilidad.

Pues ahí la vemos, desafiando las convenciones con el show subacuático Creating the Spectacle, con el que deslumbró en la Olimpiada Cultural de Londres (2012) y con el que este verano viajará posiblemente a España.

«Mi meta era cambiar la percepción de los discapacitados, pero creo que el mensaje ha calado más allá. La gente me ve en el agua, en piscinas y en acuarios, y se dice a sí misma: "Si ella puede hacer eso, yo puedo hacer cualquier cosa"», informa "El Mundo".

«Intenta ir más allá de ti mismo» es el mensaje. «Cada cual tiene que hacer frente a sus propios retos, y lo que hoy vemos como limitaciones no son más que posibilidades. Mi silla, por ejemplo, es mi libertad. La llamo Portal: es la puerta de entrada a otra dimensión».

Por eso Sue invitaría a subirse a su silla mágica al común de los mortales, y si es posible descender hasta las barreras coralinas de Ras Nasrani en el Mar Rojo, donde ha realizado la mayoría de sus inmersiones y donde ha creado escuela (pregunten por ella en el Camel Dive Hotel). Nada de lo logrado habría sido posible, insiste, sin el equipo de ingenieros, buceadores, cámaras y voluntarios de Freewheeling, ONG creada por ella misma para ponerle alas a su sueño.

Su nueva ambición ahora es volar, en un triciclo con hélice adaptado, con el que surcará en días los cielos del sur de Francia. A su paso reciente por la NASA, examinando la piscina donde entrenan los astronautas, tuvo otra visión definitiva: la silla de ruedas espacial.