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El rugby en silla se abre paso en España

Adrenalina sobre ruedas

Hace seis años, David se quedó tetrapléjico como consecuencia de un accidente de moto. Era un apasionado del deporte y decidió que la silla de ruedas no iba a cambiarle la vida. "Las barreras las tienes tú en tu cabeza. Conociendo tus limitaciones puedes llegar hasta donde quieras", dice con una sonrisa.

Ese lema le ha acompañado siempre. De hecho, al día siguiente de recibir el alta en el Hospital de Parapléjicos de Toledo ya estaba haciendo el descenso del Sella. "Salí el 31 de julio y lo hice el 1 de agosto. La gente alucinaba".

Pero no ha sido la única locura que ha hecho tras el accidente. También se ha tirado en paracaídas, con un monitor, desde 4.000 metros de altura a más de 200 kilómetros por hora. "Quizá con la silla necesitas ese toque de adrenalina que ya no tienes y que antes tenía con la moto o el esquí", explica.

Ese toque lo siente ahora con el rugby en silla. Forma parte del equipo madrileño de Los Toros, que pertenece a la sección deportiva de la Fundación del Lesionado Medular y que fue el pionero en España. "Es un deporte muy físico, en el que hay mucho contacto, las sillas pueden volcar, está permitido el contacto físico y eso le da un punto de motivación más", cuenta con una amplia sonrisa, informa Almudena Rivera en el diario "Marca".

Se le empezó a conocer como murderball (balón asesino), lo cual ya habla de la dureza del juego, pero en la actualidad se le denomina quad rugby. Nació en Canadá en los años 70 y es deporte paralímpico desde los Juegos de Sídney (2000), aunque en Atlanta participó como exhibición.

"Es una mezcla entre el rugby, el baloncesto y el balonmano. Se juega en una cancha de baloncesto con un balón de voleibol y consiste en pasar una línea de ocho metros que está al fondo del campo del equipo contrario para anotar goles y el que más marque gana", explica Iker De Isusi, el entrenador de Los Toros y responsable de la sección deportiva de la Fundación del Lesionado Medular.

Único deporte de equipo

Es el único deporte que los tetrapléjicos pueden practicar en equipo y esa peculiaridad es la que más gusta a todos. "Lo mejor son los compañeros, la camaradería que hay", apunta Sonia Fernández, la única chica del equipo.

Cuando empezaron a entrenar, en octubre de 2011, eran tres mujeres pero en la actualidad solo queda ella y tiene cuerda para rato. "Los chicos son un poco más brutos. Al principio era más comedida pero una vez te metes en el partido, te igualas. Lo mejor es cuando salgo de entrenarme porque dejo en la pista la agresividad y se olvidan los problemas. Me encanta", añade.

Todos los miembros del equipo, salvo uno, son tetrapléjicos a consecuencia de accidentes de tráfico, y practicar este deporte les ayuda a mejorar físicamente. "Nos permite desarrollar nuestra musculatura residual y potenciarla al máximo. Con constancia vas consiguiendo resultados. Yo, por ejemplo, llevaba sin usar la silla manual 13 años y jugar al rugby ha sido una motivación para volver a usarla", confiesa José Antonio Sánchez. "Sobre todo los brazos. Es un deporte muy activo y simplemente por dar a la silla durante hora y media, se acaba notando", añade Óscar López, también de Los Toros.

Un Campeonato de España

Se entrenan los martes y jueves en el Pabellón de la ONCE del Paseo de la Habana (Madrid) con el sueño de poder competir algún día. Hasta hace poco eran el único equipo de España y solo hacían exhibiciones pero ahora que existe otro en Cataluña, el Els Quadrigas-Aspaym, esperan que se celebre un Campeonato de España entre ambos.

"La rivalidad estará ahí. Lo bueno es que ya se ha creado la Federación de Rugby en silla y a ver si lo organizan. Estamos muy ilusionados con ello", cuenta Alberto Ruiz. "En Zaragoza hay intentos de sacar otro equipo y en Murcia, también. A ver si esto sigue creciendo", añade el entrenador. "La meta a muy largo plazo es poder acabar en unos Juegos Paralímpicos", dice David.

Es el sueño de todos, incluso de Michael Newsome, el único del equipo que no es tetrapléjico, sino que tiene espina bífida de nacimiento, y que no podría competir en un campeonato oficial con el resto. "Yo estaría apoyándoles el primero". Lo más curioso es que también es el único del equipo al que el rugby que todos conocemos le apasiona. No se pierde el VI Naciones con su familia. "Me apunté al equipo porque mi padre juega al rugby y lo he vivido desde muy pequeñito. Mi hermano ahora también juega y no quería ser la oveja negra de la familia", dice riendo.