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Sólo en AppleStore había a finales del pasado verano algo más de 40.000 apps dedicadas a salud

43.000 'apps' de salud, y subiendo

El universo de las aplicaciones disponibles para smarphones y tabletas en las tiendas virtuales de IOS y Android cada día es más grande. Las que tienen que ver con salud y medicina se están llevando la palma puesto que, después de las de juegos, están magníficamente situadas en el ránking.

Sólo en AppleStore había a finales del pasado verano algo más de 40.000 apps dedicadas a salud. Demasiadas quizás para encontrar entre ellas la que puede servir a un ciudadano y definitivamente demasiadas para saber cuáles son las mejores, las mediocres o las que no sirven para nada, informa "El Mundo".

De la misma manera que en la web hay una ingente cantidad de información sobre salud y enfermedades -y con razón se dice que mucha de esa información es engañosa o le falta calidad- en las tiendas virtuales de apps también hay material de salud de baja calidad. Saber distinguir allí el grano de la paja es un reto para una sociedad que necesita información de salud de nivel suficiente -disponible en el ciberespacio- para poder elevar su cultura científica. Que es baja en general.

Con las apps de salud está pasando algo muy parecido a lo que ocurrió en la web hace aproximadamente 15 años. Entonces proliferaban como setas los portales que se dedicaban a salud, puesto que se entendía que Internet iba a ser un elemento esencial para la sanidad, como en realidad lo fue con el paso del tiempo. Lo que ocurrió es que muchos quisieron llegar a lo que suponían El Dorado sanitario a demasiada velocidad y la biomedicina requiere especialización, diseño y equipos multidisciplinarios dispuestos a echar una hora detrás de otra y para siempre. Un porcentaje muy alto de los advenedizos apresurados no pudieron aguantar el desafío y ya han desaparecido.

Por eso, ahora, con las apps y la salud puede pasar lo mismo. En realidad está pasando ya.

En un reciente estudio, el más extenso que se ha llevado a cabo hasta ahora, expertos del IMS Institute for Health Care Informatics -una institución transnacional de prestigio- han revisado nada menos que 43.000 aplicaciones de salud que existen disponible en las AppleStore.

Según IMS, casi la mitad de ellas son tan irrelevantes que se caen de entrada por su propio peso. Luego están las que se focalizan en dietas y ejercicio, las dedicadas al lo que se llama wellness. Las que restan son ya informativas y algunas, no demasiadas, tienen funcionalidades añadidas y se han generado pensando desde el principio en la experiencia que tienen los usuarios en los nuevos soportes, que casi siempre demandan algo más que un simple PDF de un texto antes impreso.

Por eso, hasta el 50% de las apps de salud que se han revisado tienen menos de 500 descargas cada una. Por el contrario, y sorprendentemente, el 15% de las descargas de apps de salud las acaparan únicamente cinco aplicaciones para dispositivos móviles.

Una aplicación para soporte móvil es algo similar a lo que es una web para un ordenador de mesa o portátil. Los aparatos de comunicación móviles, transportables y ubicuos ya son los responsables de una de las mayores revoluciones que ha tenido la sanidad en los últimos 40 años. Cuando todo era web se hablaba de telemedicina y luego (con la llegada progresiva de la historia cínica digital) de e-health. Son términos que pronto quedarán obsoletos, puesto que el de m-health (salud móvil) lo va a englobar todo. En un smartphones o en un tablet se hará telemedicina, consultas de las historias clínicas y bibliográficas, divulgación, enseñanza y, lo que muchos vislumbran, asistencia.

Por otra parte, la m-health tiene que ser más tarde o más temprano el elemento básico sobre el que pivote la atención a los enfermos crónicos. Una gran proporción de los adultos, sobre todo a los que son mayores de 65 años, tiene una patología crónica que requiere una atención frecuente. Cuando el porcentaje de mayores que maneje un smartphone o un tableta se eleve (lo hará de manera muy clara en los próximos años) debería estar conformada ya una estrategia probada y sólida de uso de la m-health con ellos.

El desafío de cualquier sistema sanitario en el mundo es el de ser capaz de implementar más temprano que tarde un concepto tan revolucionario como es la m-health para poder atender mejor a los pacientes (y a los que aún no lo son o no conocen su enfermedad silente) de una forma más cómoda, más eficaz y, sobre todo, más sostenible de lo que ahora lo hacen.