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Película documental sobre la vida del científico.

Hawking: “Los médicos ofrecieron a mi mujer que me desconectara”

En 1985 Stephen Hawking estaba finalizando Historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros, su más conocido libro de divulgación del que vendió más de 8 millones de copias. La esclerosis lateral amiotrófica (ELA), la enfermedad que desde los años 60 le mantiene anclado a una silla de ruedas, no dejaba de avanzar, pero en un viaje a Suiza su estado de salud se agravó aún más: contrajo una infección de pecho que pronto se transformó en neumonía.

Hawking, que ahora tiene 71 años, se ha sincerado en un nuevo documental que se estrenará el próximo septiembre y cuyo contenido ha adelantado este fin de semana el dominical británico The Sunday Times. En el film, titulado Hawking, el científico reconoce que las semanas en las que la neumonía le obligó a estar ingresado en la unidad de cuidados intensivos de un hospital de Suiza, conectado a una máquina para sobrevivir, fueron “los momentos más oscuros” de su vida.

Mi situación era crítica. Me sometieron a un coma inducido y me conectaron a una máquina de soporte vital. Los doctores pensaban que estaba tan fuera de mí que ofrecieron a Jane [su primera mujer] que me desconectaran”, asegura el científico en el documental. Su mujer estaba conduciendo para encontrarse con él en Ginebra cuando la informaron de que la situación de su marido era crítica. Aunque su matrimonio estaba en su peor momento (y acabaría en divorcio diez años después), Jane se negó a apagar la máquina e insistió en que le llevaran de vuelta a Cambridge.

“Soy más famoso por mi silla de ruedas que por mis descubrimientos”

El científico finalmente sobrevivió a la neumonía, pero tuvo que someterse a una traqueotomía que acabó con su capacidad de hablar. Desde entonces ha utilizado varios mecanismos para comunicarse. Antes de que instalaran en su silla un sintetizador de voz, usaba unas tarjetas con letras y levantaba las cejas cuando la mano de su interlocutor pasaba por aquella que quería utilizar. El sistema se ha ido perfeccionando con el tiempo. Y tal como asegura Hawking en la película podría seguir haciéndolo: “Me gustaría poder hablar más rápido y espero que la generación actual de desarrolladores de software logren aligerar mi comunicación”.

Hoy en día puede escribir moviendo tan sólo un músculo de su mejilla con el que maneja el puntero de su ordenador. Pero las cosas pueden cambiar en cualquier momento. “Tengo miedo de perder un día el movimiento de ese musculo”, explica Hawking en la película, según informa "El Confidencial".

El documental muestra en detalle como el científico lucha día a día contra la enfermedad que le mantiene en un estado de debilidad constante. Muchos consideran un milagro que siga vivo, máxime teniendo en cuenta que la enfermedad que sufre mata a la mayoría de gente en menos de cinco años. Su asistente, Niki Pigeon, asegura que están preparados para, ante cualquier eventualidad, llamar a los servicios de urgencia. “Tenemos botellas de oxígeno, pero si pierde la conciencia no podemos hacer nada”, asegura.

No cabe duda de que la enfermedad ha marcado por completo la vida de Hawking, que llega a reconocer en la película que le preocupa ser más famoso por su silla de ruedas y su discapacidad que por sus descubrimientos. Pero la esclerosis no sólo ha influido de forma determinante en su carrera profesional, también lo ha hecho en su vida personal. En la película, su primera mujer reconoce que a medida que avanzaba la enfermedad y la fama del científico su matrimonio se fue sumergiendo en un atolladero del que no pudieron escapar.
“Hay dos caras de Stephen”, explica Jane en el documental, “una era la del niño prodigio que había logrado superar la esclerosis y viajaba por el mundo. La otra era la que mostraba en casa, donde su enfermedad nos llevó a nuestro propio agujero negro”. Desde el percance en Suiza, Hawking necesita asistencia de enfermeras las 24 horas del día. “Llegaron a nuestra casa y nos cambiaron la vida”, asegura su exmujer. “La casa dejo de ser una casa pues no había ninguna privacidad”. La situación era insostenible. En 1995 la pareja se divorció y ese mismo año el científico contrajo matrimonio con su segunda mujer, Elaine Mason, que había sido una de sus enfermeras.

En el documental, Hawking defiende su matrimonio con Mason, de quien se divorció en 2006, y asegura que fue “apasionado y tempestuoso”. No duda, además, en defender a su segunda exmujer de quienes le acusan de propinar malos tratos al científico. “La prensa se inventó que yo era víctima de violencia doméstica”, asegura Hawking en el film. Mason, que ha declinado participar en el documental, ha sido investigada en dos ocasiones por presuntos delitos de violencia doméstica, pero el científico siempre se ha opuesto frontalmente a la actuación de la policía.

Aunque Hawking es consciente de que puede morir en cualquier momento, no deja de hacer planes. Su próximo objetivo es viajar al espacio de manos de la compañía de turismo espacial de Richard Branson, que aparece también en el documental. La opinión de Hawking sobre los viajes espaciales es muy clara: “Creo que los seres humanos tendrán que colonizar los planetas para sobrevivir y que deberemos convertirnos en viajeros del espacio por necesidad”. Puede que el científico nunca sea colono, pero no será por falta de ganas. “Sé qué cualquier día puede ser mi último día, pero a mis 71 años sigo yendo a trabajar todos los días. Tengo la intención de aprovechar al máximo cada minuto”, asegura en el documental.