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“Némesis”, editada por Mondadori en España

Philip Roth publica un "best sellers" sobre los niños con polio

Philip Roth, uno de los novelistas más célebres de Estados Unidos, ha publicado un "best sellers" sobre los niños con polio. La novela “Némesis”, recién editada por Mondadori en España, está cosechando rotundos elogios entre los críticos. Su protagonista absoluto es el miedo a contraer la polio entre los niños americanos de los años 50 y la dedicación de un maestro a atenderlos.

Roth es, sobre todo, un autor moralista a quien el realismo no le ha llevado a crear personajes cínicos que adolezcan de pasividad ética o de una nihilista inhibición del juicio ante los hechos que tejen sus vidas aunque esos hechos sean inevitables o incorregibles.

Y resulta más que oportuno que aborde la cuestión de la responsabilidad en una época de crisis como la nuestra, en la que nadie está dispuesto a asumir la menor culpa en la precaria situación económica en la que nos hallamos sumidos ni a hacer los sacrificios y los recortes que esa situación requeriría.

El ángulo desde el que aborda ese tema es, sin embargo, el del exceso. Si en 'Sale el espectro' Roth denunciaba una sociedad norteamericana marcada por el falso izquierdismo de la corrección política y por el profundo reaccionarismo del amarillismo puritano, en la que un joven sin escrúpulos luchaba por convertirse en el gran biógrafo del escritor Lonnoff y, para tal objetivo, estaba dispuesto a todo, incluso a dar a conocer un secreto escandaloso de éste a través del cual reinterpretar morbosamente toda su vida y su legado literario, Bucky Cantor, el personaje central de 'Némesis' es la pura y clara antítesis de aquella «irresponsabilidad moral».

Para empezar, estamos en 1944 y nuestro hombre se siente avergonzado de que su aguda miopía le haya impedido entrar en el Ejército y participar en la guerra en la que se halla metido su país. Bucky Cantor es un joven de la Newark natal del escritor y es también profesor de deporte en la Escuela de la Avenida Chancellor. Con la entrega desmesurada que pone en sus alumnos trata de compensar el sentimiento de culpa y la vergüenza que le produce no estar combatiendo en Europa. Ha conseguido que éstos le admiren, pero eso no será suficiente para tranquilizar su atormentada conciencia.

La poliomielitis irrumpe con virulencia entre su alumnado de Newark y él se siente culpable de cada niño que muere o queda marcado por la terrible enfermedad. Nuestro hombre ofrece en su historia unos aspectos sombríos que pueden verse compensados por los dones que le ha concedido la vida. Hijo de un ludópata capaz de actuar fuera de la ley y de una madre que murió de parto, tuvo que ser educado por sus abuelos.

Sin embargo, estos le supieron infundir una buena educación universitaria y la sana confianza en sí mismo que debería permitirle superar todas las dificultades de un muchacho de su edad así como un sentido de la responsabilidad que se torna enfermizo y en el que quizá late el trasunto de la condición semita, de la culpa judía aunque no como una expresión colectiva sino como un rasgo de su psicología y su experiencia personal.

A Bucky Cantor le empieza a destruir el sentimiento de responsabilidad por la epidemia y por el sufrimiento que le rodea, por la histeria que se empieza a apoderar de la población. A la vez esa tragedia le comienza a enemistar con Dios y a emparentarle con el proceso de autodestrucción que vivía en 'Humillación' Simon Axler, aquel baqueteado actor teatral al que la pérdida del talento interpretativo durante una actuación en el Kennedy Center le sumía en un imparable y suicida desmoronamiento personal.

En este caso, ese proceso autodestructivo resulta todavía más espectacular por las virtudes del personaje. Bucky Cantor posee un carácter amable y un buen corazón, una conciencia cívica intachable y no descuida nunca sus compromisos con la comunidad religiosa a la que pertenece. Cae bien a todo el mundo. Es constante, paciente y trabajador.

A todo ello se suma su constitución física de atleta y la compañía de Marcia, su novia, una chica inteligente y bondadosa además de guapa. Es decir que lo tiene todo para ser feliz. Será precisamente esa novia suya la que le informa de que hay una vacante en el campamento judío de Pennsylvania que está dedicado a los indios americanos y donde ella trabaja durante los veranos. Lo que la muchacha intenta es sacarle de ese claustrofóbico entorno que lo está trastornando. La tentación es grande ya que podrán disfrutar de tiempo para los dos.

Él rechaza la propuesta en un primer momento, pero finalmente la acepta y el libro da paso, así, a una segunda parte, también narrada en tercera persona en la que todo parece que va arreglarse, pero que no es más que el inicio del desastre que se consumará en la tercera.

La poliomielitis llega también a 'Indian Hill' y 'el señor Cantor' de la primera parte, al que ahora el narrador se refiere como a 'Bucky', se convence de que él es precisamente quien ha transportado el virus. Su desproporcionado sentido de la culpa le llevará a distanciarse de Marcia en el trayecto final de esta novela cuya tesis se resume en que, dentro de un mundo carente de responsabilidades, no resulta una buena solución que éstas sean asumidas por ciertas conciencias demasiado nobles.