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Luis Lorenzo Navarro, uno de los pintores con la boca más prestigiosos de España

El poder del pequeño detalle

Luis Lorenzo Navarro, ‘Luislo’, como le conocen sus allegados y quienes admiran su arte, nació hace 58 años en Abezames (Zamora), a pocos kilómetros de Toro. El azar y la estadística hicieron que hace más de dos décadas un derrame medular dejara su huella indeleble. Nada volvió a ser igual pero su empuje, su ánimo y la presencia constante de sus seres queridos le permitieron modificar el rumbo vital y desarrollar una existencia fructífera y plena con el arte como hilo conductor.
Antes de tener el “percance éste”, como él llama amistosamente a su problema de salud, era maestro de escuela en San Juan el Rebollar, en la comarca de Aliste. Cuando se desencadenó el derrame medular, Luislo se vio, de la noche a la mañana, postrado en una cama, como antesala de una silla de ruedas.

Después de salir de cuidados intensivos y de que se temiera por su vida en un estadio inicial, la larga estancia en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo marcó por completo su futuro como artista. “Salí al patio y dibujé un olivo con acuarela. A mí me gustaba mucho el dibujo de antes pero es mucho cambio el de pintar con la mano a pinar con la boca”, explica. “Iba a pintar en los pasillos hasta que me dejaron una sala. Al principio, me costó mucho. Estuve unos cuatro meses dibujando al carboncillo hasta que me metí con el óleo. Poco a poco todo”, agrega.

El derrame medular afectó a “todo lo que cogió desde la zona cervical”, de manera que no tiene ninguna movilidad de cuello para abajo, incluido el diafragma, lo que le obliga a depender de una máquina para poder respirar, según el reportaje publicado en "leoninforma.com".

El sonido del respirador es constante. Se parece mucho al de una inspiración profunda seguida por un suspiro, lo que humaniza la presencia del ingenio conectado directamente a su garganta. Sin embargo, los músculos del cuello y la cabeza responden a sus órdenes y hacen justicia a una gran expresividad lo que, unido a su habilidad para llamar pan al pan y vino, al vino, hacen de la charla un placer. “Me cuesta hacer frases largas y a veces se me acaba el aire”, advierte.

Conversación

Aunque Luislo dice encontrarse “muy limitado” a la hora de hablar, en realidad, la conversación resulta fluida, ya que basta con tener en cuenta la premisa de que con respiración asistida, en ocasiones, la curva final de la frase es más abrupta y hay que repetir las últimas palabras.

El salón donde el pintor recibe a las visitas es el mismo escenario en el que pinta habitualmente. Luislo tiene predilección por el realismo que brota de la propia naturaleza, por lo que los paisajes, los animales y los motivos vegetales aparecen constantemente, sin olvidar el costumbrismo, con los trabajos del campo.

Las paredes están llenas de su obra al óleo aunque, durante estas semanas, son notorios unos cuantos huecos con alcayatas, ya que parte de la producción más estimada por el autor se encuentra en la exposición que organizó el Hotel Resort&Spa Valbusenda, junto con cuadros de la pintora valenciana María Dolores Vázquez y del barcelonés Francisco Palos. “Los que envié a la exposición no están a la venta porque les tengo mucho cariño”, dice.

Desde hace 20 años, Luislo pertenece a la Asociación de Pintores con la Boca y el Pie (APBP), compuesta por una treintena de artistas en la actualidad y antiguamente denominada ‘Artis mutis’. Tras pasar el correspondiente examen médico y un certificado notarial de que pintaba con la boca, Luis Lorenzo pasó a formar parte de la APDB. “Bastantes de mis amigos son artistas. Cuántos se han ido, cuántos han desaparecido”, comenta con tristeza.

Normalidad

Luislo mantiene una lucha denodada por que los demás perciban absoluta normalidad en lo que se les antoja un panorama inicial desolador y extraordinario. Además, cuando habla, muestra una mirada firme e insistente, de manera que sólo la sinceridad del interlocutor puede hacer que la conversación fluya, ya que el artista mira fijamente a los ojos y da la impresión de que puede descubrir lo que el otro no le dice. “No soporto que me miren con pena. Me molesta mucho”, afirma. “Puedo entender que lo que hago suscite admiración pero creo que cualquiera puede hacerlo. Es cuestión de esfuerzo, de trabajo y de perseverancia”, añade con modestia, aunque él es miembro de la junta directiva de la Asociación Internacional de Pintores con la Boca y el Pie. “Esto es un oficio. Hay que pintar todos los días. La Asociación me exige que pinte doce cuadros al año”.

Mientras perfila las dos obras en las que ahora trabaja, ambientadas en Sayago y el Retiro de Madrid, el artista reflexiona sobre la existencia humana, cuya esencia ha conseguido desentrañar hasta el punto de desmenuzarla en cada uno de los mínimos detalles que la hacen maravillosa. “No recuerdo la última vez que me derrumbé. Sé que hay gente que se viene abajo pero hay que tener la cabeza muy fría y nunca pensar en lo que pudo haber sido”, sentencia. “Cuando me pica la nariz, intento moverme y, si no, me aguanto. Es mentalizarse y controlar la situación. Hasta ese punto puede llegar el poder mental. Es una realidad. Te tienes que olvidar de tu espacio personal. Mi mujer y yo sabemos lo que queremos sólo con mirarnos”, añade.

Terapia

Luislo, quien asegura que la pintura le sirve como “terapia”, ha aprendido a captar el lado absurdo de las cosas y a restar importancia a todo aquello que no la tiene, aunque intenta comprender a quienes no encuentran fuerzas para levantarse por las mañanas, pudiendo hacerlo físicamente. No se apoya demasiado en la idea de un más allá para salir adelante y, aunque valora la investigación científica, afirma estar “concienciado” de que pasará el resto de su vida en unas circunstancias similares a las actuales. “Yo tengo mucha suerte. Nos ha tocado ser muy fuertes a diario. Mi mujer es un tesoro y me lo hace todo más fácil. Sin ella, yo no sería nada”, reconoce. “Aprendes a percibir la gran importancia de los pequeños detalles”.

El pintor mantiene una intensa relación con el mundo artístico zamorano y realiza a diario una serie de pequeñas rutinas que incluye leer los periódicos y escuchar la radio, sin olvidar alguna retransmisión futbolística, preferentemente, con el Real Madrid como protagonista y, por supuesto, frecuentes viajes por Zamora o “que no supongan un desplazamiento de más de cuatro horas” para buscar inspiración.