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Proyecto español de investigación

Robots sociales, compañeros de futuro

Como si fuera un ser humano, Maggie va creciendo poco a poco. No en tamaño, esta rana gigante se mantiene en su poco menos de metro y medio pero sí que ha evolucionado en estos más de seis años que han pasado desde su nacimiento. Un origen, por cierto, que comenzó con el nombre de 'Magellan' pero que la familiaridad convirtió en Maggie.

No es única en su especie pero sí que se mantiene en el top mundial de los robots capaces de interactuar de manera autónoma con los seres humanos. Una interactuación que se prolonga las poco más de dos horas que le dura la batería y que ella misma se encarga de renovar acudiendo por su cuenta a la fuente de energía.

iguel Ángel Salichs, director de un proyecto que nació y se cocinó en el 'Robotics Lab' de la Universidad Carlos III de Madrid asegura que este diseño está a la par con cualquier potencia mundial en la industria robótica llámese la todopoderosa Estados Unidos o la clásica Japón. Su objetivo es hacer que este objeto de investigación de laboratorio se convierta en algo comercial.

"El problema es que la escasa demanda en el mercado no permite un coste de producción bajo", comentaba sobre la dificultad de extender este robot. Maggie costó más de 30.000 euros provenientes del Plan Nacional de Investigación y tanto su hardware como su software fueron integramente diseñados y producidos en la propia universidad.

Pero los tiempos no ayudan ni a Maggie, ni a sus programadores ni a ningún científico en general. Más de 9.000 investigadores firmaban una carta contra los recortes en I+D+i, unos recortes que este año podrían suponer casi un 8,7% menos de presupuesto anual que se sumaría a los casi 11,5 puntos que se recortó en 2010 y 2011. Sin dinero no se podrán seguir desarrollando las dotes sociales de Maggie.

Algunas divertidas y otras útiles tanto para personas dependientes como para jóvenes o ancianos. "(La interacción) Tiene un carácter lúdico puesto que no es una tecnología suficientemente robusta y puede que el robot falle alguna vez", explicaba Salichs.

Pero no suele hacerlo. Canta, baila, sigue a su ordenante y puede contar la predicción meteorológica así como realizar diversos juegos. Pero quizás lo más interesante y por lo que la Fundación Alzheimer ha firmado un convenio de colaboración con la Universidad es su capacidad para reconocer objetos.

Una habilidad crucial para personas dependientes y cuya guinda es la lectura de medicamentos a través de etiquetas RFDI. Reconoce las medicinas, cuenta sus propiedades y hasta recuerda su fecha de caducidad. Esto hace a Maggie atractiva además de para niños por sus funciones lúdicas también para ancianos o enfermos para ayudarles en sus actividades cotidianas.

Miguel Ángel cree que la utilización masiva de robots como Maggie será cuestión de tiempo como lo fue la extensión del teléfono móvil o los ordenadores. Eso sí, recuerda categóricamente que "jamás podrá sustituir a las personas o cuidadores puesto que es simplemente un complemento". ¿Hasta dónde se podrá llegar en este mundo? ¿Es la realidad de películas como 'El hombre bicentenario' una utopía para el futuro de la robótica? Quizás no. Eso sí, si eso se produce esperemos que la evolución de los mismos no nos lleve a mundos como el que se retratan en películas como 'Matrix' o 'Terminator' donde el ser humano es, si no un estorbo, un complemento.

Información de Luis Núñez-Villaveirán