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El Supremo anula la indemnización que recibió por un accidente escolar

Reclaman 700.000 euros a un joven que quedó tetrapléjico en el colegio

Alberto Carlos Martínez Garrido, un joven de Villanueva del Arzobispo que quedó tetrapléjico en un accidente escolar, tiene que pagar más de 700.000 euros. Cobró ese dinero como indemnización por el siniestro. Sin embargo, el Supremo anuló esa sentencia y ahora tiene que reembolsar la compensación. La familia ha recurrido ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

La historia de este joven villanovense, de 24 años, es kafkiana. Arranca el 13 de febrero de 2001, cuando tenía tan solo 14 años. El chico, que entonces era alumno de tercer curso de la ESOen las Escuelas Profesionales Sagrada Familia (SAFA), sufrió un accidente en la clase de gimnasia. Tenía que hacer un ejercicio que consistía en realizar una pequeña carrera para ejecutar un salto en una cama elástica. Estaba en las instalaciones del centro y con la dirección y vigilancia de un profesor de Educación Física.

Alberto Carlos cayó de forma incorrecta, sufrió gravísimas lesiones y resultó tetrapléjico.
La familia presentó una demanda civil contra la SAFA y contra la aseguradora La Estrella en la que reclamaban una indemnización. El Juzgado de Primera Instancia de Villacarrillo la denegó y absolvió a los demandados. No obstante, la Audiencia Provincial de Jaén revocó esa decisión y condenó al centro y al seguro a indemnizar a los padres del Alberto Carlos con 600.000 euros por las lesiones que sufrió en el accidente.

Hace ahora dos años, la familia sufrió un jarro de agua fría. El Supremo anuló esa sentencia y dejó al joven tetrapléjico sin compensación. El Alto Tribunal estimó que ni el profesor ni el centro tuvieron responsabilidad alguna sobre lo ocurrido: “Estamos ante un riesgo natural en un proceso formativo dirigido a promover el desarrollo de la actividad física del alumno”, argumentó literalmente el ponente de la sentencia.

Tras esa resolución, tanto el colegio como la aseguradora pidieron la devolución de los 600.000 euros a la familia de Alberto Carlos Martínez. Además, el centro educativo pidió 70.000 euros más por daños y perjuicios y los intereses de demora. “En total, le reclaman más de 700.000 euros y, cada día que pasa, esa cantidad va creciendo”, explica Pascual Garrido, el portavoz de la familia.

Se trata de un dinero que, actualmente, no posee porque el joven necesita de una atención médica constante, que tiene un elevado coste: “Además, hubo que adaptar la vivienda y pagar todos los gastos del proceso judicial, que dura ya más de diez años”, reflexiona Pascual Garrido, en declaraciones al "Diario de Jaén".

Alberto Carlos tiene concedida una pensión no contributiva de apenas 500 euros, una cantidad a todas luces insuficiente para cubrir todos los cuidados asistenciales que necesita.

Último recurso

Los familiares del joven tetrapléjico temen que la SAFA y la aseguradora se decidan a embargarle los bienes para cobrar el dinero. Mientras tanto, se han jugado la última carta con la presentación de un recurso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en la ciudad francesa de Estrasburgo. Todavía están pendientes de que sea admitido a trámite. Se trata de uno de los pocos procedimientos que llega a la más alta autoridad judicial para la garantía de los derechos humanos y libertades fundamentales en toda Europa.

“Tenemos algo de esperanza, pero no nos queremos hacer muchas ilusiones”, agrega Pascual Garrido. Y concluye: “Se mire por donde se mire, no hay quién comprenda lo que aquí ha ocurrido”.

“No quiero perder la confianza en la Justicia”

Alberto Carlos Martínez está condenado a vivir en una silla de ruedas. No fue víctima de un accidente de moto, ni cometió imprudencia alguna para padecer una tetraplejia, que le priva del 95 por ciento de sus facultades físicas. Simplemente, sufrió un accidente escolar en una clase de gimnasia cuando apenas tenía 14 años.

Hoy, una década después de aquello, este joven todavía está esperando Justicia: “No quiero perder la confianza en los tribunales y todavía confío en que se nos dé la razón. Sé que es difícil, pero no pierdo la esperanza por muy pequeña que sea”, aseguró Alberto Carlos en declaraciones a JAEN. Habló poco después de su ducha diaria y de la colocación de una sonda para hacer sus necesidades. Forma parte de su rutina de todos los días. Asegura que no tiene el dinero para devolver la indemnización y que, además, no puede plantearse hacer planes de futuro.

“Eso, ahora mismo, es imposible. Ni tan siquiera sé si podré vivir con un mínimo de dignidad”, afirmó. Su tío, Pascual Garrido, alaba la entereza que demuestra el joven: “Tiene una fuerza de voluntad extraordinaria”, concluye.