Está usted en: Noticias -> Actualidad

Sufrió un accidente de coche que lo dejó en silla de ruedas

Muere a los 73 años el exfiscal Eduardo Fungairiño

Eduardo Fungairiño Bringas (Santander, 1946), ex fiscal jefe de la Audiencia Nacional y del Tribunal Supremo, ha muerto este domingo a los 73 años de edad, según han confirmado fuentes de la Fiscalía. Fungairiño, cuya carrera tuvo varios episodios polémicos, investigó numerosas causas sobre el terrorismo de ETA, como los casos de Henri Parot, José Javier Arizcuren Ruíz, conocido como Kantauri, Francisco Múgica Garmendia, alias Pakito; Santiago Arróspide, Santi Potros, Ignacio Etxebarria, Mortadelo, o contra Idoia Lopez Riaño, más conocida como la Tigresa.

Fungairiño renunció por sorpresa a principios de 2006 a su cargo de fiscal jefe de la Audiencia Nacional, que ejercía desde hace casi nueve años. El exfiscal tomó la decisión por "motivos personales", pero en los últimos meses se habían evidenciado sus diferencias con el entonces fiscal general del Estado, Cándido Conde Pumpido, informa "El País".

Fungairiño desempeñaba este cargo desde el 30 de mayo de 1997. Su nombramiento por el Gobierno Aznar fue polémico, pues el Ejecutivo actuó por sorpresa y haciendo caso omiso al Consejo Fiscal, que por tres veces había rechazado esta candidatura. De hecho Fungairiño no obtuvo ni un solo sufragio en las tres votaciones a que fue sometida su candidatura. "Es el mayor ataque contra la independencia de la fiscalía", protestó entonces la Asociación de Fiscales.

El exfiscal sufrió un accidente de coche que lo dejó en silla de ruedas —quedó parapléjico— cuando celebraba el aprobado de una asignatura de la carrera de Derecho. Su salto a la fama llegó al ejercer la acusación contra los aceiteros implicados en el envenenamiento masivo por el aceite de colza, que tenía fines industriales y fue usado de forma fraudulenta. El caso provocó casi una psicosis colectiva en España y se llegó a pensar incluso en una epidemia, aunque finalmente se supo que la causa era el aceite adulterado al añadir varios componentes durante el procesamiento del producto. El caso produjo más de 500 muertos y 25.000 afectados, y Fungairiño solicitó elevadas penas de prisión para los responsables y reclamó para las víctimas indemnizaciones económicas muy superiores a las que por entonces, 1987, se concedían habitualmente en los tribunales.

Elogiado por sus extraordinarios conocimientos en materia antiterrorista y por su prodigiosa memoria, Fungairiño intervino también en algunos de los sumarios más importantes de lucha contra ETA, como el atentado de Hipercor, el asesinato del Comandante Ynestrillas, el atentado frustrado contra el presidente del Tribunal Supremo Antonio Hernández Gil y el que costó la vida a varios guardias civiles en la calle Príncipe de Vergara y en la plaza de la República Dominicana. En 1990, fue objeto de un atentado con paquete bomba enviado por ETA. La policía lo desactivó antes de que le estallara en las manos.

Sin embargo, su carrera en la Audiencia estuvo repleta de polémicas. La primera llegó solamente unos meses después de su nombramiento, cuando justificó las dictaduras en Chile y Argentina porque, según él, pretendían restablecer el orden constitucional.

Una de sus últimas controversias la sostuvo en 2005, al final de su carrera como fiscal, con el entonces juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, al que acusó de revelar secretos del sumario del 11-M en sus memorias. En aquella ocasión Conde-Pumpido desautorizó al fiscal jefe de la Audiencia por no detectar "elementos ni razones" que justificaran la interposición de la denuncia.

Durante su comparecencia en julio de 2004 ante la comisión de los atentado del 11-M —que dejaron 193 muertos y cerca de 2.000 heridos—, Fungairiño hizo unas declaraciones que también levantaron una gran polvareda mediática. El fiscal jefe dijo que hasta ese momento no tenía noticia de la existencia de la furgoneta que los terroristas dejaron abandonada cerca de la estación de Renfe de Alcalá de Henares, y que contenía temporizadores y una cinta magnetofónica con suras del Corán y explicó que, "por higiene mental", no solía leer los periódicos ni ver la televisión, a excepción de "reportajes de la BBC".