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Se astilla una vértebra por culpa de un estornudo y al inyectarle cemento en la espalda le causan un hematoma que la deja parapléjica

250.000 euros por dejar parapléjica a una mujer de 80 años en una operación de espalda

Ana Silva era una feliz abuela de 80 años residente en Getafe, contenta con sus cuatro hijos y 10 nietos, habitual de viajes del Imserso y disfrutando su casita en la playa en Miramar (Valencia), cuando un estornudo se cruzó en su camino. Un estornudo que le astilló la octava vértebra.

"Podríamos haber esperado que aquello simplemente soldara", cuenta su hijo Antonio, "pero el dolor que sufría era tan enorme que una familiar que trabaja en el hospital la animó a que se operara, a que le inyectaran cemento en la vértebra para compactarla", informa "El Mundo".

Ana Silva entró a operarse en el Hospital Universitario de Getafe el 21 de marzo de 2017. La intervención "era sencilla, o eso nos dijeron". Horas después era operada de nuevo, de urgencia, por un sangrado en torno a la médula. Ana ya no sentía las piernas.

Un rato más tarde la mujer le preguntaba a su médico si iba a poder caminar de nuevo: "Bueno, hay que esperar unos días para ver", le dijo la doctora, mientras le comentaba a la familia que había escasas esperanzas: Ana no volvería a sentir nada del pecho para abajo.

Ahora, el juzgado de Primera Instancia de Madrid obliga a la aseguradora del hospital a pagar 247.000 euros, más intereses por valor de 14.000, por dejarla parapléjica. Su familia ha tenido que vender la casa de la playa para costear sus cuidados, e incluso el piso en el que Ana vive con su marido en Getafe, un tercero sin ascensor. ¿Cómo pudo suceder?

UNA OPERACIÓN "MUY SENCILLA"

"La operación era muy sencilla y salió satisfactoriamente, según nos dijeron", dice Antonio, "entró a las dos de la tarde y salió como dos o tres horas después, lo esperado". Sin embargo como a las 21 horas Ana comienza a sentir un hormigueo. "Llamamos a las enfermeras y nos dicen que es normal, no se alarman".

La paciente mejora y le piden que camine, "lo que agravaría después las cosas, porque el sangrado no habría sido tan grande". Pero por la noche todo empeora: Ana Silva comienza a sufrir dolor, un "dolor agudo", y a no sentir las piernas. Llaman al traumatólogo de urgencia, que hace acto de presencia dos veces. "El hombre aparece y dice que no es nada, y que no se pueden hacer pruebas hasta la mañana siguiente".

A la mañana siguiente se le hace una resonancia magnética urgente: descubren un enorme sangrado en torno a la médula, producido probablemente por la operación. Ana es operada de urgencia para intentar limpiar el "gran hematoma", según la sentencia.

"PERO, ¿NO VOY A PODER ANDAR MÁS?"

"El momento más duro para nosotros", narra Antonio, "fue cuando mi madre le preguntó a la médico, una vez la segunda operación no había servido para nada: 'Pero, ¿no voy a poder andar más?'. Y ella le contestó que había que verlo, que los cuatro días siguientes eran muy importante, que había que ver la evolución... Pero a nosotros nos decía que era muy complicado".

Ana fue trasladada al Hospital de Parapléjicos de Toledo, del que fue dada de alta el 21 de junio de 2017. De nada sirvieron los tratamientos y estimulaciones. "Era una mujer de mucha actividad, no paraba, viajaba bastante con mi padre... Simplemente si le hubieran hecho un poco de caso aquella noche, si el traumatólogo nos hubiera hecho un poco de caso... La doctora que la operó luego nos reconoció que, de haberse tratado antes, se podrían haber limitado mucho".

El estudio jurídico que ha logrado la indemnización para la familia, Lex Abogacía, con los letrados Adrián Carriedo y Clara Lozano, estimó que la pérdida de oportunidad para tratar a Ana Silva fue de unas 14 horas, hasta que los médicos intentaron limpiar el hermatoma y la hinchazón. "Es un palo muy gordo, nos ha cambiado la vida", dice Antonio. "Esperemos que contarlo sirva para que los médicos y facultativos tengan un poco más de cuidado, y para que otra gente no lo sufra", termina.