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Quince años después de su debut, el aragonés regresa a la cita como navegante del piloto parapléjico Nicola Dutto

El Dakar más especial de Víctor Rivera

Para los pilotos amantes de la aventura; de las carreras en las que hay que sortear calor, piedras, viento, inmensos kilómetros de arena; del raid puro y duro... escuchar la palabra Dakar provoca un cosquilleo difícil de controlar. "Un desafío para aquellos que parten. Un sueño para quienes se quedan".

El lema de Thierry Sabine –creador de la competición que llama la atención, sorprende y seduce– lo han hecho propio los miles de corredores que a lo largo de los 40 años de historia se han visto atraídos por el imán que ejerce este rally. Muchas historias deportivas y humanas se han escrito: primero, en África; y, partir de 2009, en Sudamérica.

El caspolino Víctor Rivera tenía 21 años cuando cumplió con la ilusión de todo apasionado a las carreras de resistencia por terrenos imposibles. Y tres lustros después del debut en aquel Dakar, que partió de la ciudad francesa de Clermont-Ferrand, el aragonés vuelve a enfrentarse "al máximo y más duro desafío del mundo". Va a ser un Dakar, asegura, "tremendamente especial".

Víctor Rivera parte el 2 de enero hacia Perú –único escenario de la 41ª edición, programada del 6 al 17– como uno de los componentes del equipo OCA (Offroad Adventure Crew), que tiene como protagonista a un hombre "increíble". Es el primer adjetivo que busca el de Caspe para definir a Nicola Dutto, el primer piloto parapléjico que correrá en moto el Dakar. "Todos estamos listos para animarle: su espíritu, su fuerza, y su carácter de verdadero campeón, que nunca se rinde, son admirables. Es mi héroe, un verdadero héroe que llevo en el corazón", afirma Víctor Rivera.

La primera vez que el aragonés se encontró con Nicola Dutto fue en la Baja Aragón 2002, el año en el que el caspolino se estrenó en la cita mundialista de cross country que, entonces, se disputaba en formato ‘non stop’ 1.000 kilómetros. "Era el simpático y guapo italiano que venía a correr a España, le gustaba más hacerlo aquí que en su país. Llegó a ser campeón de España (de Rally TT en 2004 y 2006). Un crack", evoca. Campeón de Italia de Bajas en 2006 y 2009, y de Europa en 2008 y 2009, la proyección de Dutto iba al alza, con un sueño como profesional: la Baja 1.000 Ironman, una durísima prueba que se celebra desde hace más de 50 años en la península de Baja California. Pero, en un abrir y cerrar de ojos, todo cambió.

El 20 de marzo de 2010 sufrió una caída en una etapa de la Baja Italia. El piloto de Beinette –una localidad de la región del Piamonte– salió volando y sufrió una fractura en la séptima vértebra dorsal. Tuvo que estar nueve meses ingresado y superar varias intervenciones, perdiendo la sensibilidad de pecho para abajo. Una paraplejia que le obligó a moverse en una silla de ruedas, pero no le impidió alejarle de la moto. "Él se empeñó en que quería seguir compitiendo. Corrió en su prueba fetiche, la Baja 1.000 en un buggy modificado para sus necesidades. Y encontró en todas las personas que le rodean, en KTM Italia y, especialmente, en su mujer, Elena Foi, la confianza para hacer realidad su mayor desafío: correr nuevamente en una motocicleta. Cuando le vi en la Baja Aragón de 2012 me quedé en shock", relata Rivera. Dutto adaptó una Suzuki 450 RMX, en la que diseñó una silla tubular especial para proteger sus piernas. Junto a él, Julián Villarrubia (cuatro Dakares), amigo y rival de sus tiempos en el Nacional de Cross Country. Fue el primer piloto parapléjico en completar una Baja en moto.

El más joven dakariano en 2004

Para entonces, Víctor Rivera ya se había hecho un currículum como piloto de raids. En 2004 se convirtió en el piloto más joven en participar en el 26º Dakar. "Creo que nos aventuramos. Fue todo muy rápido. No sabía del Dakar más que los diez minutos que ponían en la tele. No tenía ni internet en casa para investigar. Fue un desastre. No terminé. Iba aprendiendo sobre la marcha: los dos primeros días no dormía, no comía, tuve problemas técnicos con la moto porque era un prototipo, una Alfer VR 700 artesanal que diseñó Fernando Prades ‘Picolo’, un mecánico que se convirtió en mi ángel de la guarda", rememora Rivera, que se tuvo que retirar en la novena etapa.

Al año siguiente, en la cita que partió de Barcelona, volvió a ser el más joven participante. Tras aprender de los errores y conocedor del terreno, Rivera se subió a lomos de una KTM 660 con un fin único: llegar al Lago Rosa: "Cuando terminé tuve una sensación de alivio tremenda, porque había sido capaz de finalizar una carrera de tal envergadura. La había preparado muy bien: gané el Rally Faraones de Egipto (categoría producción), prueba del Mundial, hice la Baja... Fue una presión importante porque todo giró alrededor del Dakar".

"Mientras estás en el Dakar lo único que haces es maldecirlo, pero cuando acaba ya empiezas a planear el próximo", afirmaba Rivera tras el éxito conquistado. El caspolino repitió en 2006 con la KTM. Sus dotes de navegación le llevaron a un meritorio trigésimo segundo puesto (a 21h18:11 del líder Marc Coma), siendo el mejor piloto privado español. "Sin la moto no le veo sentido a la vida, no podría estar".

Su empeño le volvió a colocar en la línea de salida de la edición de 2007, como integrante de un equipo oficial, Tot Curses de Gerona. Su principal valedor era Picolo, el mecánico que le ha acompañado en sus anteriores incursiones por el desierto africano. Su compañera de fatigas fue un prototipo, una TC Rieju 450. Fue uno de los Dakares más exigentes, con máquinas y pilotos al límite de la extenuación, y la amenaza terrorista en Mali obligando a cambios de recorrido. La fatalidad llegó en la décima etapa (etapa bucle con principio y final en Néma, Mauritania), cuando Rivera salió expulsado de la montura y se fracturó la vértebra T7. "Fue una caída escalofriante. Estuve seis meses en la cama. Fue muy duro. Me podía haber quedado paralítico", reconoce.