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En Parapléjicos de Toledo

Francisco Asensio enseña a jugar al tenis a 75 lesionados medulares

Una tarde de incipiente otoño en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. La luz empieza a declinar. En las inmediaciones del centro, varios jugadores en silla de ruedas se ejercitan en una pista de tenis bajo un cartel que reza: “Fundación Emilio Sánchez Vicario“, la misma que arrancó con su Escuela en enero de 2012 y por la que han pasado más de tenistas, unos 75 al año según el profesor y responsable de la misma, Francisco Asensio. Sí, sí… Es tenis en silla de ruedas.

Todo empezó a raíz de un convenio por el que el centro cedía el terreno para que la Fundación construyera la pista, contando con la colaboración de la Fundación Mutua Madrileña. Banco Sabadell también apoya el proyecto, que este año cumple su séptima edición.

Francisco Asensio, que lleva ya unos años con esta actividad, además de cumplir seriamente con su trabajo, no puede evitar las sonrisas sobre todo con Enrique Fernández Izquierdo, que no para de gastar bromas, secundado por Miguel Ángel Martín Barrios. El ambiente en la clase es fenomenal. El día del reportaje, ocho tenistas aprenden bajo la batuta de Asensio. Dos de ellos son menos duchos que el resto, llevan menos tiempo. La mayor parte de los alumnos y alumnas son internos, pero también hay algún externo, revela el profesor.

Asensio insiste en que “no solo el tenis sino cualquier terapia es genial” para los lesionados medulares, “es algo fundamental para ellos”. Por eso aboga por que una mayor cantidad de pacientes hagan deporte, sobre todo por las tardes, ya que por las mañanas las actividades son obligatorias, como apunta Enrique Fernández. “Se les debería inculcar deporte, deporte y deporte, aunque no todos pueden hacerlo”, recomienda el instructor.

El tenis es para los pacientes un ejercicio rehabilitador del tronco y las extremidades superiores y fomentador de la habilidad y la resistencia. En la Fundación lo practican dos días a la semana, unas dos horas y media horas semanales (aunque suele ser más tiempo). Asensio somete a sus alumnos primeramente a una sesión física y luego a peloteos antes de que hagan puntos entre ellos. Las reglas en el tenis en silla son las mismas que en el tenis, salvo que en aquel se permite el doble bote. Solo eso. Lo demás, igual.

A Enrique Fernández, al igual que otro compañero, Asensio le tiene que aplicar una venda o cinta en la mano para sujetársela al mango de la muñeca, ya que es tetrapléjico (y por tanto no tiene movilidad en los dedos). Enrique aprovecha para dar rienda suelta a su guasa, el mismo que desvela que ya había jugado al tenis durante ocho años hasta que lo tuvo que dejar por una tendinitis en el codo. “El tenis me viene bien, para tronco, espalda y hombro”, asegura. Además de jugar al tenis, va al gimnasio y a la piscina. “Todo lo que sea deporte me gusta”, añade, “yo animo a toda la gente a que haga deporte, el que sea”.

Miguel Ángel Martín Barrios también le echa mucha chanza a la vida. Llevaba 20 años jugando al baloncesto en silla de ruedas. “El tenis siempre me ha encantado. Cuando acabé de jugar al baloncesto vi que sus movimientos me venían muy bien para el tenis y decidí adaptarlos. Y ahora fenomenal, divirtiéndome y entrenando con ellos. Me llenan de ilusión”, habla de la Escuela. Miguel Ángel es otro deportista nato: badminton, tenis de mesa. Y le encantaría probar con el rugby.

Por su parte, Rocío Fumanal Villa es otra convencida de la idoneidad del deporte. Exjugadora de pádel, cuando se enteró de la existencia de la Escuela, se dijo: “Qué mejor experiencia que jugar al tenis en silla de ruedas. Me viene muy bien para rehabilitar el equilibrio del tronco”. Antes de su lesión montaba a caballo y nadaba.

En cuanto a Juan Antonio Galdino Santamaría, el más tímido de los cuatro, dice que antes jugaba al frontenis en el pueblo y en verano y que nunca había practicado el tenis. “Lo veía complicado, pero ahora no tan difícil. Me dije que había que probar cosas nuevas. A ver si se nos da bien. Lo mismo llegamos a lo más alto”…, aventura.

Las sillas para hacer deporte son especiales, mucho ligeras que las de sala (cinco kilos y medio frente a 12) y caras: su precio oscila entre los 5.000 y los 7.000 euros.

La noche se adentra en el universo tan particular del Hospital Nacional de Parapléjicos. Un grupo de animosos tenistas en silla siguen dándole a la raqueta en una pista apartada del centro hospitalario. A ver si poco a poco, como dice Juan Antonio, surge un discípulo de Cisco García (que pasó por el Hospital), el actual número cuatro del ranking español y 74 de la ATP. Y si no, el deporte por sí mismo sigue siendo una manifestación perfecta de la alegría de vivir.