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ASPAYM evalúa la accesibilidad de La Coruña

El colectivo Aspaym (Asociación de personas con lesión medular y otras discapacidades físicas) coloca a la ciudad en el podio de las más accesibles después de Pontevedra y Lugo. Aún así, apenas supera el 20% de accesibilidad, un suspenso que viene acusado, según los afectados, no tanto por el rebaje de aceras ni por las líneas de autobús, que “prácticamente tienen todas plataforma para personas con movilidad reducida y paradas adaptadas a esta”, sino por los establecimientos que no respetan la ley de barreras, aprobada en 1997.

Desde la asociación recuerdan que aunque se dio un plazo amplio de diez años para reformar los locales, la realidad es que “son bastante permisivos con las licencias y si un negocio tiene tres escalones y se traspasa, los nuevos encargados utilizan el permiso del anterior”.
Ellos participan en comisiones de renovación de vías urbanas y de transporte. Hacen estudios para ver cómo respira la ciudad y concluyen que en los últimos años, hay una mayor concienciación por parte de la administración y particulares.

El centro está bastante accesible, señalan. Los problemas vienen cuando se desplazan por el extrarradio. En cuestión de espectáculos, sigue habiendo recintos sin un reservado para ellos. Otros, como el teatro Colón, son un ejemplo, de cómo se hacen bien las cosas: “Para ir en silla de ruedas es el mejor”.
Todo depende de la movilidad de cada uno y de los materiales porque el suelo tipo pizarra de algunos edificios de la ciudad se presenta como un factor en contra dentro de un perímetro donde si van a la Diputación tienen que entrar subiendo en el montacargas del lateral porque “la rampa de la entrada no funciona”.

En general, afirman que los centros comerciales están adaptados, pero que la cosa se complica en pequeños establecimientos. Los baños son una lotería. Ellos ya saben a los que pueden ir: “Si queremos ir de terraza, en los de La Marina casi no hay. En María Pita tampoco “y tenemos que ir mirando dónde hay cerca”.

Es la asignatura pendiente ya que muchos hacen gasto, pero caen en errores básicos: “A veces ponen en otro sitio la barra para apoyarse y resulta inservible o en el lavabo especial, colocan un mueble debajo”. No cabe la silla. El espejo “muchas veces tampoco lo podemos usar porque está demasiado alto” y en esa lucha están a diario. Para tratar de que sus rutinas no se topen con obstáculos