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Mover un brazo robótico sólo con el pensamiento

Que una persona terrapléjica pueda mover un brazo robótico sólo con el pensamiento suena a magia, pero no lo es. Hace tres años el mundo se enteró por la revista "Nature" lo que desde hace cinco años estaban trabajando en el laboratorio de neurociencias del Instituto Tecnológico de California, conocido como Caltech, el equipo liderado por Richard Andersen.

El también profesor de Caltech participó en la reciente edición del Festival de Ciencia y Arte El Aleph, de la UNAM, en donde habló sobre las neuroprótesis. En entrevista, Andersen explica que la tecnología que desarrollaron consiste en implantar un dispositivo en el lóbulo parietal posterior, que tiene capacidad para estimular 100 neuronas.

“El lóbulo parietal posterior en donde se forma el plan que hará que se ejecute un movimiento. Cuando sufre algún daño, la gente puede ver que hay un objeto pero no puede agarrarlo porque no tiene sensación espacial”, indica.

En los estudios previos que hicieron en animales, del pensamiento al movimiento hay 10 segundos. En los humanos, aún no lo saben. “El dispositivo graba las intenciones a partir de monitorear el movimiento de las neuronas. Luego, utilizando algoritmos matemáticos, convierte esas señalas en comandos o instrucciones que llevan a cabo brazos robóticos o computadoras”.

Literal, las personas inmovilizadas pueden hacer que el brazo robótico agarre un vaso sólo con el pensamiento. “Les pedimos que imaginen el movimiento que quisieran realizar. Pueden entonces mover alguna extremidad o incluso mover sus dedos en un programa de realidad virtual”.

Andersen va más allá. Dice que incluso han podido lograr que los tres pacientes con los que están trabajando puedan tener sensaciones a través del tacto, a pesar de haber perdido la sensibilidad.

La primera persona que arrancó el programa de neuroprótesis llevaba una década paralizado tras sufrir un accidente automovilístico. Cinco años después, su aparato sigue funcionando.

Los otros dos participantes quedaron paralizados tras ser baleados. Una de ellas, quien tocaba el piano, ha podido volver a “tocar” un piano virtual, haciendo que sus dedos se muevan gracias a su implante.

Su implante neurológico ha funcionado pero es perfectible.

Por ahora, los tres participantes en el estudio clínico sólo pueden dar órdenes a las computadoras y aparatos que están en el laboratorio, al que asisten tres veces por semana, durante varias horas. “Estamos trabajando en una versión para que la puedan utilizar en su casa”, refiere.

También buscan una versión inalámbrica, pues ahora tiene que conectarse de su cerebro a la computadora. Andersen no se aventura a pronosticar cuánto tiempo tardará en estar disponible a un público mayor. Serán años, pero no sabe cuántos. “Es factible pero es caro”, dice.

Las personas que podrían beneficiarse con las neuroprótesis son aquellas con heridas de la espina dorsal, quienes hayan sufrido una embolia, tengan esclerosis múltiple, esclerosis lateral amiotrófica, distrofia muscular, entre otras condiciones.

“Nos gustaría que cuando lleguen a un hospital les puedan ofrecer ayuda a través de un implante neuronal”, destaca el especialista.