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Tras ser víctima del atropello mortal de tres amigas de 12, 15 y 16 años, él quedó parapléjico a los 17

La resurrección de Brinston

El 22 de noviembre de 2014 la vida cambió para Brinston Tchana, cuando tenía 17 años. Aquel sábado, sobre las ocho de la mañana, regresaba a Fuensalida junto a sus amigas Nerea, Ana y Michel de las fiestas del cercano pueblo de Torrijos. Caminaban en fila india por la carretera cuando un vehículo, cuyo conductor dio positivo en la prueba de alcoholemia, arrolló al grupo (en el que iba otro joven, que resultó ileso) y dejó muertas sobre el asfato a las tres adolescentes, de 12, 15 y 16 años.

Él, gravísimamente herido, fue testigo de aquella desgracia. «Yo estaba consciente tirado en el suelo, escuchaba y veía todo, aunque un poco borroso. Por eso sabía que mis amigas habían muerto, porque oí cómo los sanitarios decían que por ellas ya no se podía hacer nada. Cuando me levantaron del suelo y me metieron en la ambulancia, creo que me desmayé del dolor», explica a ABC.

Debatiéndose entre la vida y la muerte, Brinston permaneció dos días en coma en el hospital Virgen de la Salud de Toledo, tras lo que se determinó su traslado al Hospital Nacional de Parapléjicos. Tenía una lesión medular. Allí estuvo nueve meses, quizá los más duros de su vida, al ser consciente de que nunca más volvería a caminar; él, un entusiasta del deporte, al que le encantaba jugar al fútbol, se había quedado postrado en una silla de ruedas. Pero lo peor de todo es que «pensaba que no iba a poder seguir adelante, hasta pensé muchas veces en el suicidio, por mi situación, por mis amigas que habían muerto en el accidente. Me preguntaba por qué mueren ellas y yo no, por qué me quedo yo aquí y ellas no. Todo me recordaba a eso».

La hermana pequeña de Brinston, Lyzzie, había nacido en Inglaterra (donde vive su madre) once días antes del fatal accidente, y él aún no la conocía. «Yo quería verla crecer, como he visto crecer a mis otros dos hermanos; y cuidarla, como he cuidado a los otros. Eso fue lo que me impulsó a seguir adelante. Voy a luchar por ella, me dije, y decidí irme a vivir a Inglaterra».

Antes de eso, Brinston —único de los cuatro hermanos que nació en Camerún— cursó segundo de Bachillerato durante su estancia en el Hospital de Parapléjicos, donde también se sacó el carnet de conducir. Y aunque le dio mucha pena dejar el pueblo donde vivía, Santa Cruz del Retamar, cercano a Fuensalida, en cuyo instituto había estudiado y tiene tantos amigos, partió para Inglaterra. «Voy a empezar desde cero», decidió.

n la nueva vida que emprendió aquel día la fortuna le ha sonreído. Ahora, con 20 años, es modelo, y trabaja para varias agencias de publicidad. Incluso, ha hecho incursiones como actor en «Doctor Who», serie de televisión británica de ciencia ficción producida por la BBC, o «Judge Rinder». El joven, de belleza exótica, quedó finalista del concurso «Mister Birmingham», ciudad en la que reside actualmente. Y acaba de finalizar una diplomacía en Medicina, una especie de asistente del facultativo, tras seis meses de prácticas en un hospital. Sus proyectos, seguir estudiando: «Quiero meterme en el mundo forense y me gustan mucho la psicología y la criminología. Cuando vuelva a Inglaterra (ahora pasa unos días de vacaciones en su pueblo toledano) tengo una entrevista en la Universidad para comenzar».

Y, aunque ahora en silla de ruedas, sigue haciendo deporte. De esta forma fue captado para el mundo de la moda. «Estaba en el gimnasio haciendo natación y baloncesto. Se me acercó un hombre y me dijo que yo en silla de ruedas lo estaba haciendo mejor que los demás. ¿Te importaría que te hiciera una foto?, me preguntó. Se publicó en un periódico de la universidad y a la semana siguiente me llamó una agencia de publicidad. Empecé a trabajar con ellos», cuenta Brinston, que ya disfruta de independencia económica.

A la pregunta de si siente rencor por el conductor que le cambió la vida aquel fatídico día, contesta: «No, la verdad es que no, son cosas que le pueden pasar a cualquiera, él dijo que se quedó dormido. Además, paró y llamó a la Guardia Civil. Si se hubiese marchado, quizá yo hoy estaría muerto. Él tendrá que vivir con esa culpa para siempre, y eso es algo muy grande».

Hace unos días, Brinston dio una charla en el colegio San José de Fuensalida a los alumnos de la ESO. Fue idea del alcalde, Mariano Alonso, que le conoció al salir de la UVI y le admira. «La vida te puede cambiar en un segundo y hay que valorar a la familia y a los amigos. A los muchachos que dicen que no les gusta estudiar les digo que a mí, a su edad, tampoco me gustaba, pero que si no se estudia, si no se lucha por lo que uno quiere, no vamos a conseguir nada, y los que tenemos que levantar el país somos los jóvenes. Si no lo hacemos ahora, ¿cuándo lo haremos? Dejémonos de quejarnos de lo que no tenemos y demos gracias a Dios por lo que sí tenemos. Hay que aprovechar cada minuto, cada segundo, de la vida».