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Hay cinco empresas con exoesqueletos para discapacitados en el mundo

El primer robot vestible con 'tobillos' para volver a andar

El exoesqueleto (robot vestible) español Hank es el más completo del mercado mundial para devolver la capacidad de caminar a personas con daño cerebral adquirido, enfermedades neurodegenerativas y lesión medular parcial o total. «Es el único modelo concebido para rehabilitación, y por eso tiene seis motores, uno por cada articulación de los tobillos, las rodillas y las caderas.

Sus competidores carecen de motores en los tobillos, porque se concibieron de forma asistencial para sustituir a la silla de ruedas. Todos se usan en rehabilitación, pero el nuestro es más efectivo, los motores de los tobillos son imprescindibles para corregir patologías asociadas a la pérdida del equilibrio, entre otras», asegura Jose Luis Pons, investigador del Instituto Cajal del CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas), y uno de los socios de Gogoa Mobility Robots, la spin off del CSIC y del Hospital de Parapléjicos de Toledo para comercializar Hank. «Tener seis motores da más naturalidad al caminar, y permite abordar escaleras.

El paso de cuatro a seis motores no es fácil, requeriría volver a desarrollar el algoritmo de funcionamiento. Además, Hank es más silencioso que sus competidores comerciales, más ligero (14 kilos) y más barato (60.000 euros). Esperamos ser los primeros en añadir la obediencia a la voz», explica Carlos Fernández Isoird, director de Gogoa Mobility Robots.

Hank es una estructura metálica de aluminio aeronáutico 70/75, extra ligero y de alta rigidez, que va sujeta a la cintura y las piernas. Tiene 33 piezas mecánicas, y las uniones de cada articulación están conectadas al sistema de transmisión del movimiento, formado por el motor, el reductor armónico (reduce las 160 revoluciones por minuto del motor a una), y la electrónica de control que mide la posición de la articulación, el ángulo, la velocidad y la fuerza de interacción (con galgas extensiométricas para medir el grado de deformidad realizada por la articulación en la armadura, si el usuario no tiene lesión medular completa).

La información de cada articulación va por cables a la unidad central de control, una caja situada en la cintura, que responde con la información de cambio de posición al deseo de andar, sentarse o abordar escaleras. A su vez, la unidad central se comunica por WiFi con la app de la tableta o del ordenador del rehabilitador, que da las órdenes vía bluetooth de marcha y paro, sentarse y abordar escaleras.

El giro del exoesqueleto se logra con el balanceo del cuerpo.Los exoesqueletos se desarrollaron hace decenas de años como equipos autónomos, para aumentar la fuerza de los soldados en los brazos y las piernas. A diferencia de ellos, los exoesqueletos para parapléjicos necesitan del uso de muletas, y la rotura total de la médula a la altura de la vértebra torácica T5 (por debajo de las axilas) es el límite para poder usarlos. La inteligencia de es su software de control, realizado con lenguaje C de programación.

El Instituto Cajal tardó cuatro años en desarrollarlo, en ellos integró los patrones del caminar de varios cientos de personas. «El programa realiza un control absoluto de todos los movimientos, fuerzas y ángulos del exoesqueleto, dando órdenes a cada motor de forma coordinada. Se personaliza el movimiento según el peso, la estatura y el límite de movimiento de cada persona», desgrana José Luis Pons. Gogoa tiene la licencia oficial como fabricante de productos sanitarios.

El exoesqueleto tiene el sello del laboratorio europeo Emitech, y ahora lo evalúa la administración española para obtener el sello europeo de comercialización. La empresa se queja de la tardanza española, superior a la de otros países. Mientras tanto, la compañía ha vendido seis unidades a cinco centros de rehabilitación españoles y a uno italiano para hacer ensayos. Cuatro se utilizan en la rehabilitación de pacientes desde hace meses, y está a punto de entregar los otros dos.

Además, está cerrando la venta para pruebas a un centro de Houston, paso necesario para homologarlo en Estados Unidos, y ha desarrollado unos modelos para asistir el movimiento y evitar lesiones de los trabajadores de logística, en los que Carrefour y Correos están muy interesados. Por su parte, el CSIC trabaja en un modelo óptimo para la calle, que se moverá desde unos botones situados en la muleta. «La batería y los motores serán más eficientes y más ligeros. Será inteligente, y tendremos el prototipo en 2018», indica José Luis Pons.